El arresto de la mayoría de los miembros de la banda de La Flor, autora, entre otros, del secuestro y asesinato del joven Fernando Martí, revela con claridad tres cosas: que el Gobierno del Distrito Federal se ha dado cuenta de que la apuesta política más rentable es la de la seguridad; que, lamentablemente, sólo cuando hay una presión muy fuerte de la opinión pública los gobiernos se vuelven eficientes; y que buena parte del problema de la inseguridad está en los cuerpos policiacos heredados del pasado —del pasado priísta—, de donde provienen en muchos casos los líderes de las bandas criminales.Sin duda, hay que reconocer que la resolución de este caso ha sido ejemplar. Se hizo labor de inteligencia, se ubicó a los responsables del delito y, sobre todo, se actuó con inteligencia, al ocultar al testigo clave del caso, el escolta del joven Martí, a quien los criminales habían dado por muerto. Ello ciertamente es un punto a favor de Marcelo Ebrard, quien ha entendido, como pocos políticos en el PRD, que si él y su partido quieren ganar las elecciones de 2012 —las de 2009 ya no las rescata ni Dios padre—, tienen que buscar el voto de la clase media y de los moderados. Esto, desde luego, no deja de ser una paradoja para un político del PRD, cuyo partido ha hecho de la desigualdad social su tema. Claro, el PRD y Ebrard siempre pueden decir que la desigualdad es un elemento entre otros que alimenta la delincuencia, lo cual es cierto. Sin embargo, es obvio que en este momento, en que la población quiere soluciones inmediatas a la inseguridad, decir que hay que acabar con la desigualdad social para reducir la delincuencia no es un discurso que sea muy popular. Por ello el jefe de Gobierno ha entrado también en la dinámica de hacer reformas policiacas sustanciales e incluso sus comerciales de televisión, en los que presume la captura de los integrantes de la banda de La Flor, son muy similares a los del gobierno de Calderón en los que presume la captura de narcotraficantes. Lo que, desde luego, es inquietante es que la eficiencia mostrada en el caso de esta banda criminal no se haya visto en muchos otros casos de secuestro en la propia ciudad de México. En todo caso, esperemos que, con la expectativa de ganar apoyo para una eventual candidatura presidencial en 2012, el gobierno de Ebrard siga dando resultados en materia de combate a la delincuencia. Él ganará, y los ciudadanos, también. Finalmente, lo que es evidente es que el problema de la delincuencia no es nuevo y que va a llevar muchos años resolverlo. El Frankenstein que se creó en los cuerpos policiacos al amparo del sistema autoritario que nos gobernó por siete décadas va a ser muy difícil de desmontar. En ese sentido, está bien que el PRI critique a Calderón por el problema de la inseguridad, pero también podría hacer un poco de autocrítica. Parafraseando a sor Juana, el PRI acusa al gobierno federal “sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis”. O lo que es lo mismo, el burro hablando de orejas… jorge.chabat@cide.edu Analista político e investigador del CIDE |