Terminadas las convenciones de los partidos Demócrata y Republicano, y de ambas partes el abuso de la demagogia y la simplificación de mensajes políticos, queda un trasfondo muy denso en el que finalmente la ideología pesa. La lucha electoral de los próximos dos meses en Estados Unidos, entre la fórmula John McCain-Sarah Palin y Barack Obama-Joe Biden, será también la de conservadores contra liberales, en un país donde el predominio de los primeros sobre los segundos se ha ido extendiendo a lo largo de ocho años, con resultados desastrosos para EU.George W. Bush ha sido calificado en varios medios de información y por diversos analistas de prestigio como uno de los peores presidentes que han tenido que soportar los estadounidenses, y quienes toman la estafeta republicana son un político septuagenario, “héroe de guerra”, y una militante de la extrema derecha y fundamentalista religiosa, hasta ahora poco conocida al nivel nacional, quien, como señalara el lunes Roger Cohen, columnista de The New York Times, apela a las cuerdas patrioteras de los estadounidenses y pugna por el resurgimiento de la “cultura bélica”. Y, sin embargo, sería un error de percepción basarse en este marco de referencia para anticipar una victoria segura de Obama, joven y cultivado político liberal. Porque aun tomando en cuenta los grandes costos que el conservadurismo estadounidense le ha traído a Estados Unidos, en lo económico explicados con claridad en un reciente artículo escrito por Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía 2001, en la sociedad estadounidense existe una inmensa masa de opositores potenciales a la plena integración multicultural y multirracial que, con el triunfo de Obama, daría un gran paso adelante. Las sectas religiosas, los analfabetas “funcionales”, que no soportan a los políticos articulados, los racistas y los ultranacionalistas, seguirán siendo carne de cañón del pensamiento reaccionario de círculos como el de Bush, alimentados por pensadores de la talla de Leo Strauss (1899-1973), Eric Voegelin (1901-1985), o el siniestro William Buckley, fallecido en febrero pasado. En esta elección está en juego algo más que el gran cambio que significaría ver a un afroestadounidense en la Casa Blanca; de ella pende el posible regreso de la ideología liberal como fuerza política predominante, la que le diera a Estados Unidos el brillo democrático de, entre otras, la era de Roosevelt. Profesor investigador de El Colegio de México |