La elección presidencial en Estados Unidos encuentra un país que lejos de ser el motor de la economía mundial por sus altas compras, como lo fue hasta 2006, hoy debe importar menos. Su problema es económico: el estadounidense promedio no tiene con qué consumir más, no tiene más crédito y debe pagar deudas.John McCain, candidato republicano, no cuestiona los programas de sus antecesores. De ahí que su propuesta sea seguir reduciendo impuestos a individuos y empresas. El Centro de Política Impositiva (CPI) de Brookings Institution estima que para el 0.1% de la población más rica (cuyo ingreso anual es de 9.1 millones de dólares), McCain les reduciría impuestos en 190 dólares anuales. Y para el 80% más pobre, la reducción sería de 200 dólares por familia. Tampoco cuestiona la política comercial. Con esta agenda tan limitada, no es claro cómo Estados Unidos puede siquiera intentar salir del estancamiento, pero su propuesta merece una discusión más amplia. Es la agenda de Barack Obama la más desafiante. Su diagnóstico es que desde 1970 el salario de la clase trabajadora y media no ha aumentado. Las causas son de larga gestación, entre otras: el surgimiento de países emergentes con enorme fuerza laboral y bajos salarios, el descuido del sistema educativo, el debilitamiento de los sindicatos y nuevas tecnologías que desplazan obreros o permiten subcontratarlos en otros países. Obama no responsabiliza a los gobiernos desde entonces, pero sí los responsabiliza por debilitar más a la clase media reduciendo impuestos a los ricos, disfrazándolos de reducciones generales con modestas rebajas a la clase media, para la cual ha aumentado el impuesto sobre la nómina. De ahí que su programa busque reducir impuestos a la clase media y aumentarlos a los ricos. La reducción en el programa de Obama calculada por el CPI para el 80% más pobre sería de 900 dólares por familia. Para el 0.1% más rico el aumento sería de 800 mil dólares. Para impulsar la economía en el corto plazo, propone 50 mil millones de dólares de gasto público en infraestructura y energía y ampliar el crédito fiscal para colegiaturas a la clase media y trabajadora. Para aliviar el alto precio de la energía, daría mil dólares por familia. Su propuesta es consistente con su diagnóstico: si la mayoría no tiene con qué gastar más, la economía no crecerá. Y las transferencias de ricos a pobres que propone compensan en parte las que en el pasado hicieron Reagan y Bush en el sentido opuesto. Su programa enfrentará dos problemas. Uno es que la economía ya tiene un déficit fiscal muy alto. Como el dólar ya se ha devaluado, el riesgo es que el interés de largo plazo se dispare y cause enormes pérdidas en bonos, desplomando la confianza. El segundo es que Estados Unidos necesita mucho más que transferencias de ricos a pobres, en particular muchos empleos bien pagados. Con la globalización las empresas crean esos empleos en donde son más baratos. Si Estados Unidos no produce mucho más para sus propias necesidades, el problema económico continuará. Por sus referencias al libre comercio, Obama ya sabe esto. Es por lo tanto muy probable que si gana la Presidencia de Estados Unidos recurra al proteccionismo, lo cual traerá problemas a todo el mundo. Para el éxito, requeriría una gran sincronización en su programa de impuestos y gasto, mucha confianza del mercado y mucha suerte. Dicho lo anterior, esta podría ser una de las últimas oportunidades para que Estados Unidos fortalezca su industria y a la vez su clase media. rograo@gmail.com Analista económico |