No cabe duda que los mexicanos vivimos una realidad muy diferente a lo que señala el Presidente en los informes a través de los medios.Mientras que el gobierno sigue muy optimista sobre el futuro próximo, el pesimismo de la gente llega, según las encuestas, a niveles que no se veían desde la crisis económica de 1994-95. Que el Presidente sea optimista es positivo, sin embargo no dice cómo se van a resolver la inseguridad, delincuencia organizada, ilegalidad, corrupción, falta de crecimiento económico, desempleo y pobreza que enfrenta la población. El presidencialismo se ha debilitado en los últimos años por la lucha política que vivimos y la falta de experiencia de la mayoría de los funcionarios, y cada día se ven menos posibilidades de resolver los problemas que enfrentamos. La transformación política ha fortalecido nuestra democracia pero ha debilitado la capacidad real del gobierno para ofrecer un mejor futuro. No estamos ante una crisis que ponga en riesgo la permanencia de la figura presidencial, como auguran algunos extremistas, pero hay que aceptar que por el camino que vamos las perspectivas de corto y mediano plazo no son muy prometedoras para México. Los avances en el combate a la corrupción, la ilegalidad y el autoritarismo son nulos, y estos problemas han crecido sobre todo en los niveles de gobierno estatal y municipal. Por otro lado, mientras la gran mayoría de países latinoamericanos crecen por arriba de 5%, las perspectivas más optimistas para nuestro país en éste y el próximo año no llegan a 3%. Estos países tienen gobiernos fuertes y oposiciones maduras que no le apuestan al fracaso de la gestión gubernamental y que han llegado a acuerdos para impulsar a sus países. En México todos los políticos y partidos hablan de diálogo y acuerdos pero tenemos pendiente la misma agenda legislativa y política desde hace años. Las reformas están congeladas y cuando se dan son parciales; es el caso de las reformas de justicia, hacendaria, de pensiones o la que probablemente se dé en Pemex. No le demos más vueltas, el principal problema del país es la falta de capacidad de los poderes, niveles de gobierno, partidos y clase política para ponerse de acuerdo y anteponer los intereses personales sobre los electorales y partidistas. Igual que se ha dado un acuerdo para enfrentar la inseguridad, el Presidente debería convocar a un acuerdo nacional para enfrentar los cambios que requiere el país para salir de la pobreza política que hemos vivido los últimos 20 años. demetriosodi@hotmail.comAnalista político |