Cuando el presidente Lázaro Cárdenas realizó la expropiación petrolera, solía augurarse el pronto retorno de las compañías extranjeras, argumentando la incapacidad del Estado mexicano para administrar la compleja industria petrolera.Sin embargo, los técnicos, directivos y trabajadores de Pemex desmintieron esa leyenda negra no sólo manteniendo en operación la industria petrolera, sino logrando su crecimiento espectacular: la producción de crudo, que en 1938 ascendía a 105 mil barriles diarios, alcanzó los 2 millones 748 mil barriles diarios en 1982, lo que representó un crecimiento de 7.7% anual; la producción de gas natural pasó de 66 millones de pies cúbicos diarios en 1938, a 4 mil 246 millones en 1982, creciendo a una tasa de 9.9% anual; y la producción de petrolíferos (gasolinas, diesel, combustóleo, etcétera), que en 1938 ascendía a 92.4 miles de barriles diarios, alcanzó un millón 237.3 mil en 1982, un crecimiento de 6.1% anual. Paralelamente, las reservas probadas de hidrocarburos (petróleo y gas), que en 1938 ascendían a mil 276 millones de barriles, alcanzaron los 72 mil 008 millones en 1982, incrementándose la relación reservas/producción anual de 29 a 52. Además, durante el mismo periodo, la planta de trabajadores petroleros apenas creció a una tasa media de 3.7% anual, de manera que se observó también un crecimiento acelerado de la productividad laboral. Pero la bonanza petrolera llegó a su fin con el modelo económico neoliberal: durante el periodo 1983-2007, la producción de petróleo crudo sólo creció a una tasa media de 0.46% anual; la de gas natural, a una tasa de 1.43% anual; y la producción de petrolíferos (gasolinas, etcétera), a una tasa de 0.2% anual. Como resultado, nuestras importaciones de petrolíferos y gas han crecido dramáticamente, al grado de que las compras externas de gasolinas que todavía en 1988 representaban 0.6% del consumo nacional, pasaron a representar 38.4% del consumo nacional en el trienio 2005-2007. En estas condiciones, se ha puesto nuevamente en circulación la leyenda negra según la cual el Estado mexicano es incapaz de administrar la industria petrolera, asegurando que el retorno de las compañías extranjeras es indispensable para aprovechar nuestro tesoro petrolero y aumentar nuestra capacidad industrial de refinación. Se oculta la verdadera causa del marasmo de nuestra industria petrolera: en aras del dogma del adelgazamiento del Estado —inherente a la doctrina neoliberal—, se redujeron dramáticamente los fondos de inversión de Petróleos Mexicanos. Mientras que durante el trienio 1980-1982, los ingresos petroleros del gobierno federal (IPGF) representaron 49.6% del importe agregado de las ventas petroleras, reteniendo Pemex el 50.4% restante, durante el trienio 2005-2007, los IPGF representaron 65.6% de las ventas petroleras, reteniendo Pemex solamente 34.4% de sus ingresos por ventas. Así, las posibilidades de modernización y expansión de la industria petrolera fueron brutalmente cercenadas. De esta manera, la leyenda negra de la incapacidad del Estado se convirtió, bajo los gobiernos neoliberales, en una típica profecía autocumplida. Moraleja: en vez de promover el retorno de las compañías extranjeras, la acción fundamental de política económica para asegurar la modernización y expansión de nuestra industria petrolera consiste en dejar a disposición de Pemex una proporción de los ingresos petroleros suficiente para financiar sus inversiones, mandando al fondo del océano la leyenda negra. Investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM |