Por inexplicables razones, estos días se repite un yerro histórico que ya había sido aclarado: la data exacta del nacimiento del Canal del Congreso, uno de los instrumentos más concretos que para garantizar el derecho a la información se han construido desde que esta obligación para el Estado se incorporó en la Constitución. Se dice que se celebran ocho años de su existencia exitosa, fructífera, cuando en realidad se han cumplido 10 años desde que inició transmisiones en marzo de 1998.Más allá del empeño que busca diferir la fecha de su lanzamiento, el Canal se ha convertido en una institución relevante para la vida nacional, y no se diga para el quehacer legislativo: está tendido un puente de comunicación permanente con el sistema de la representación nacional que actúa como rendición de cuentas y observatorio ciudadano, en el que los legisladores no sólo exponen, sino se exponen. El Canal cumple así un auténtico servicio público. Desde su primer director, Virgilio Caballero, pasando por Guillermo Montemayor y ahora con Leticia Salas, que al cumplir un año al frente ya acredita un trabajo sobresaliente, el Canal demuestra que los medios públicos pueden ser una de las medidas estratégicas más importantes del Estado para equilibrar el actual sistema de medios electrónicos, en el que predomina su carácter comercial y concentrado en unas cuantas manos. Tanto o más importante como una nueva legislación que amplíe la oferta comunicacional de los particulares sería la decisión de ampliar la red de canales de tv y estaciones radiofónicas de carácter público, y lograr un auténtico contrapeso a ese modelo comercial que reproduce en esta época, como nunca antes, la más sofisticada de las censuras señalada por Pierre Bourdieu, la de “ocultar mostrando”. La tv comercial mostró el debate en el Senado sobre la reforma energética, pero ocultó sus verdaderos contenidos. No sólo por la estrechez de la cobertura, el escaso tiempo concedido a los distintos ponentes, sino por el enfoque sesgado de sus informaciones. Si se difuminó la imagen del presidente del Senado al mostrar el presídium que conducía los debates, qué podíamos esperar de la edición y los enfoques en las noticias. No es una sospecha. Eso se puede determinar hoy con toda precisión porque, en contraste con lo que hizo la tv comercial, el Canal del Congreso transmitió íntegros los foros: 132 horas de discusión, propuestas, críticas. Luego se retransmitían de forma inmediata el mismo día por la noche. Se organizaron 18 resúmenes de 30 minutos y 11 mesas de análisis. Una simple comparación entre las transmisiones del Canal y lo que difundieron los noticiarios estelares de TV Azteca y Televisa da cuenta de la manera en que la tv ocultó lo fundamental a ese debate, mostrando lo insustancial. De ahí que uno de los retos del Estado sea fortalecer y ampliar sus medios públicos, y el Congreso su propio Canal. Es paradójico que no sea una señal abierta con repetidoras en las principales ciudades del país. Y es revelador del nivel de descomposición política que habita en las cámaras del Congreso que sean algunos de los principales coordinadores parlamentarios los primeros que se oponen a hacer de acceso gratuito la señal congresional. ¿Por qué será? Profesor de la FCPyS de la UNAM |