El basamento de una nación moderna, democrática y productiva, es el estado de derecho. Si no hay un conjunto de reglas claras, aplicables a todos, que el Estado se encarga de hacer cumplir, ejerciendo el monopolio de la violencia legítima, no podemos construir mercados que funcionen adecuadamente. Si, en lugar de ello, tenemos grupos con reglas propias, el resultado es un sistema de rentas, de redistribución, y no de generación de riqueza, que no sólo nos impide crecer, sino que nos hace muy desiguales.El grave problema de seguridad pública que sufrimos es un síntoma más de esa incapacidad de construir un cuerpo único de leyes y hacerlo cumplir. Un síntoma como otros tantos que interpretamos como problemas individuales, sin serlo: la incapacidad de crecer, la proverbial desigualdad, el inacabable racismo. Todos son resultado de un problema de fondo que no queremos enfrentar: un tramado institucional anacrónico, plagado de reglas especiales, de fueros. Las reglas sobre las que México sigue viviendo fueron construidas por un régimen autoritario para mantener el poder. Se hicieron, desde el inicio, diferentes para distintos grupos. Además se hicieron para un país pequeño, manejable. La inutilidad de nuestras reglas resulta no sólo de que no son iguales para todos, sino que además no pueden aplicarse en el volumen necesario. Se sabe que apenas un puñado de delitos denunciados puede seguir todo el proceso. Lo que no se entiende es que esto no lo pueden resolver los mismos que lo provocaron. No sólo en México la ley es tortuosa, pero pocos países pueden alcanzar los niveles de ineficiencia que tenemos. Los procesos de procuración, impartición y administración de justicia requieren una revisión a fondo. Y no sólo por parte de abogados, sino fundamentalmente por profesionales de la organización y administración. Un análisis a fondo de los flujos de información, de la toma de decisiones, de las acciones a implementar, no puede ser realizado por abogados. Ésa no es su área de conocimiento. El ejercicio de la justicia debe descansar en el derecho. Pero no sólo en él. Las mejores formas de administrar juzgados; de seleccionar, contratar y manejar policías; de administrar procesos judiciales, no las van a encontrar jamás los abogados. Es tema de otras profesiones y especialidades. Frente a los problemas que hoy vive México, el derecho es insuficiente. En su aplicación, requiere ayuda urgente de otros expertos. Y en el fondo, en la búsqueda del estado de derecho, nos urge ya aceptar que el país que construimos está fracasando. www.macario.com.mx Profesor de Humanidades del ITESM-CCM |