CHICAGO, Illinois.— El debate de la reforma energética en México ha tenido como discusión central cuál debe ser la nueva organización de Pemex y si está bien o mal que la iniciativa privada participe en el negocio. Pareciera que la disyuntiva girara en torno a quién tiene el derecho a beneficiarse del tesoro del subsuelo: ¿el pueblo, encarnado en poderosos sindicatos y burócratas voraces?, ¿la empresa, con su apetito capitalista insaciable?Lo interesante sería preguntarnos si la reforma a Pemex es en realidad el centro del debate energético… no en México, sino en un contexto global. Países como el nuestro buscan su camino al desarrollo pero para lograrlo necesitan energía. América Latina tendrá un crecimiento de 2.2% anual en sus necesidades energéticas entre 2000 y 2030. Una cifra muy superior al 0.6% de Canadá y Estados Unidos. La energía se obtiene mayormente de los combustibles fósiles que generan los gases invernadero, que a su vez propician el calentamiento del planeta. Entonces, la extracción y refinación de los combustibles fósiles no será la opción más popular ante los ojos del mundo. Y sin energía no hay crecimiento. El PRI presentó en su iniciativa de reforma energética una propuesta para crear el Fondo Nacional para la Transición Energética que estaría encargado de investigar el desarrollo de fuentes alternativas de energía. Una visión positiva pero con un perfil estatista. ¿Qué tipo de alternativas? Las opciones van de la eólica, nuclear, solar, geotérmica, hidráulica, los motores impulsados por células de hidrógeno, los futuristas reactores de fusión, etcétera. A pesar de que los combustibles fósiles seguirán jugando un papel importante en cubrir la demanda energética, lo cierto es que el corazón del debate global está en abandonar las fuentes de energía sucias para iniciar la más grande reconversión tecnológica de la historia moderna enfocada en fórmulas amigables con la ecología. El mundo piensa qué pueden hacer los gobiernos para crear mercados sostenibles en los que la iniciativa privada genere energía limpia a precios comerciales competitivos que, también, dejen ganancias a los inversionistas. Y es que hay que reconocer que los combustibles fósiles no son el futuro; son recursos odiosamente necesarios que se buscará reemplazar lo antes posible. EU no es un ejemplo en la búsqueda de fuentes alternativas de energía; sin embargo, la presión ambiental, la dependencia del petróleo foráneo y los altos costos de los energéticos abrieron la puerta para que los emprendedores desarrollaran opciones generadoras de energía no contaminante. El millonario T. Boone Pickens, famoso por hacer su fortuna en compañías petroleras, impulsa un proyecto denominado el “Plan de Pickens”, una iniciativa que por un costo de 1.2 billones de dólares promete generar 20% de la energía eléctrica estadounidense. El empresario quiere instalar en el centro del país ventiladores movidos por el viento desde Texas hasta Dakota del Norte. Con ello pretende hacer compatible el desarrollo de la empresa con el fin de la dependencia del petróleo extranjero (que cuesta 700 mil millones de dólares al año). Pickens no pierde el tiempo. Ya se reunió con Barack Obama y John McCain para asegurar que la próxima administración facilite con regulación amigable, contribuciones en efectivo y/o incentivos fiscales la transición energética. Pickens está interesado en invertir para ganar. Vender electricidad a precios razonables, pero venderla al fin y al cabo, para reducir la dependencia del petróleo, limitar las emisiones y de paso dinamizar las economías de los pueblos y ciudades cercanas a los generadores de viento. Por otro lado, McCain prometió que de ser electo apoyará que para 2030 se construyan 45 nuevas plantas nucleares. El 70% de la energía libre de emisiones de bióxido de carbono en Estados Unidos proviene de la energía nuclear, por lo que se espera que esta opción tenga gran impulso. Compañías como Exelon, que opera reactores nucleares en Illinois y Pensilvania para producir electricidad, ya trabajan en hacer más eficiente el funcionamiento de su infraestructura y piden al gobierno garantías financieras y fiscales para construir nuevas plantas nucleares. Algunos estados como California e Illinois han aprobado legislaciones que obligan reducir en 25% sus emisiones de gases invernadero para 2020. ¿Cómo lo harán? Demandando que los motores de combustión sean más eficientes en el consumo de combustible, e impulsando una diversidad de opciones para producir energía limpia, energía que no provenga de los combustibles fósiles. Los gobiernos han despertado para dar los pasos que motiven la transformación que forzosamente va de la mano del capital privado. El gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, es un incansable promotor de las “tecnologías verdes”, no sólo por su atractivo ecológico sino por las oportunidades de inversión que conllevan. En este campo es donde se espera ocurra el próximo boom financiero. Mientras tanto en México no se han puesto de acuerdo sobre quién debe sacar el petróleo, y su inversión en ciencia y tecnología favorece más la fuga de cerebros que la promoción de nuevas tecnologías o el establecimiento de mercados energéticos alternativos. El mundo se moviliza para encontrar las respuestas del futuro, pero México está empantanado en la mitología del pasado. No conozco ningún país desarrollado que por el hecho de permitir inversión privada en su sector energético, del tipo que sea, haya perdido soberanía o dignidad. La reforma a Pemex y al resto del sector energético mexicano debe reconocer las tendencias mundiales, pues no les queda mucho tiempo para desarrollar alternativas. Y es que hasta los más energético-nacionalistas esperan que en 10 años, al tocar un interruptor, se encienda la luz. Sin embargo, si no reconocen las tendencias internacionales y aplican soluciones pragmáticas quizá deban irse haciendo a la idea de vivir en tinieblas y transportarse con carretas tiradas por caballos. Alanda@Tribune.com Jefe de la página editorial del diario ‘Hoy’ |