Chicago, Illinois.— Siendo Estados Unidos la primera potencia del mundo, es de gran interés saber quién gobernará esta nación en los próximos cuatro años y cómo se conducirá al gigante que comparte con México una frontera de tres mil kilómetros, es su principal socio comercial, y es el país con el que mantiene la relación binacional más dinámica del planeta. ¿Quién conviene? ¿Obama o McCain? Depende; cada uno beneficiará a distintos sectores, tendrá distintas prioridades en política exterior y establecerá estrategias particulares para atender los problemas. Ambos comparten en la agenda los temas prioritarios: la economía, la guerra en Irak y Afganistán, etc., pero sus propuestas son en cada caso particulares. Comencemos por el contexto de la contienda. Los estadounidenses se inclinan tradicionalmente a la derecha política (los republicanos), pues ésta recoge principios económicos como la libre empresa, un gobierno pequeño pero funcional, y otros valores conservadores -como la religión- que son importantes para muchos ciudadanos. Sin embargo, en la elección presidencial de 2008 la paciencia del electorado llegó a su límite pues la gente está cansada del fracaso republicano para conducir la agenda que enarbola. La recaudación fiscal aumentó en los años de la administración Bush, no obstante, el gasto se incrementó tanto que generó un déficit histórico de 9.5 billones de dólares. ¿Dónde quedó el gobierno pequeño y austero que pregonan? Se supone que la izquierda estadounidense (demócratas) con su agenda social es la fuerza política más propensa a gastar dinero público, y con el cofre abierto, es más susceptible a la corrupción y al tráfico de influencias. Los republicanos, por su parte, se venden como los pilares de los valores morales que velan por un gobierno efectivo. A pesar de ello, durante la presente administración se vio el mayor nivel de corrupción pública en la historia reciente. Desde el 2000 se les han presentado cargos criminales a nueve legisladores federales, pues aquí no hay fuero como en México por lo que un legislador delincuente puede enfrentar la justicia sin inmunidad ni impunidad. De los nueve procesados, siete han sido republicanos. El caso más reciente es el del senador republicado por Alaska, Ted Stevens, a quien se le presentaron cargos por corrupción el pasado martes. ¿Dónde quedó la honestidad y la decencia? En el argot mexicano diríamos que ahora como nunca Washington D.C. es un “cochinero”. La influencia de los cabilderos sobre legisladores y funcionarios sobrepasa frecuentemente el mandato con el que se les eligió o nombró. Pero Estados Unidos es una democracia y sus ciudadanos se preparan para aplicar las medidas correctivas que reciclen su sistema político. Ser parte de la elite en el poder no ayuda por ahora. Aunque durante su carrera el republicano John McCain ha hecho todo lo contrario a la descomposición política actual, nadie puede olvidar que lleva veinticinco años como legislador federal, cuatro en la Cámara de Representantes y el resto en el Senado. Su experiencia y conocimiento, aún sin quererlo, son salpicados por la suciedad del estatus quo. Pero un novato en los pasillos del poder, quien no se ha contaminado, alguien como Obama podría ser el salvador, según el vox populi. A Obama no le falta astucia, ambición ni dotes de orador. Es un líder motivacional, un agente que eleva el decaído ánimo nacional. Es un símbolo de cambio que implica el riesgo de la inexperiencia. Pero la moral de los electores está a su favor. Obama favorece el retiro de tropas de su país de Irak en su primer término en la Presidencia. En su viaje reciente por Medio Oriente, el Primer Ministro de Irak, Nouri-al-Maliki respaldó su propuesta. Los 4,124 militares estadounidenses muertos en el conflicto y la duración del mismo también inclinan la opinión pública a su favor. La gente de buena voluntad prefiere la paz sobre la guerra pero la mezcla de la ausencia del poder estadounidense y un débil Estado iraquí podría facilitar la expansión de la influencia de Irán en la región. Y eso no es deseable si recordamos que el Presidente de ese país prometió “borrar del mapa a Israel”, un aliado natural de Estados Unidos y Occidente, además de tener ambiciones nucleares que, dice, usará con fines pacíficos al tiempo que rehúsa inspecciones internacionales que así lo certifiquen. McCain es más realista y testarudo. El republicano niega dar fechas para la desocupación de Irak. Basa su posición en los resultados y avances que muestre el gobierno de Irak para sostenerse por sí solo. Una postura con sentido común que no goza del apoyo popular. Obama se inclinará a cambiar la imagen de su nación de la de un país abusivo con prisioneros en Irak, o que detiene indefinidamente a presuntos terroristas en Guantánamo, Cuba, difundiendo los valores democráticos y las libertades que son parte de la cultura estadounidense que han inspirado a millones en todo el mundo. La propuesta es irresistible pero está cimentada en la buena voluntad. Seguramente que Obama estará más interesado en mostrar una imagen compasiva de su país asistiendo a los pobres y a los enfermos de sida en África, que en promover el desarrollo económico de América Latina. África es parte de su herencia y además vende muy bien en los medios de comunicación estadounidenses. ¿Y quién diablos se quiere preocupar por atender el narcotráfico, el “dañino” libre comercio, y la inmigración ilegal que vienen del Sur de la frontera? McCain tiene claro que con impuestos bajos y estímulos a los negocios puede reactivar la economía interna. Obama quiere recortes de impuestos para las clases medias y no para los grandes negocios. Su plan es socialmente más justo y atractivo aunque no sea tan efectivo para dinamizar la economía. Vende mejor aunque no sea lo ideal. Obama ha hecho comentarios donde se infiere que aspirará a la reelección. Y es que el cambio necesita tiempo. El político es joven y la aspiración es legítima, pero cuando se gobierna con esos cálculos, aún antes de triunfar en esta elección, un líder pierde efectividad en su función pública pues está más enfocado en su futuro que en comprometerse con iniciativas complejas que polarizan los ánimos como lo es la reforma migratoria. Obama bien puede soñar con estar en la Casa Blanca ocho años. McCain se daría por bien servido si sigue con vida ese tiempo pues si llega a la Presidencia se convertiría en el hombre más viejo en asumir el poder (tendría 72 años). Si McCain no aspira a un segundo mandato gozaría de más libertad para actuar sin pensar en estropear su reelección. He visto análisis en México que afirman que Obama ganará o perderá por ser negro. Un juicio ignorante y simplista. Si el afromaericano triunfa, como parece que lo hará, será porque responde mejor al ánimo del país. Sin malicia de por medio en la comparación; Obama es como el Vicente Fox en el México del 2000, responde a las expectativas populares. Como Fox, es claro que Obama es un candidato diferente que usa una retórica inédita. Sin embargo, la diferencia es que las consecuencias del fracaso de Obama serían globales. Por eso es urgente que su imagen de “elegido” evolucione a la de un estadista y que, en la medida de lo posible, gobierne con buenas políticas públicas en lugar de ser esclavo de la simpatía y de la opinión pública. alanda@Tribune.com Jefe de la Página Editorial del Diario HOY |