Con una entereza granítica, Alejandro Martí ha terminado por confesar lo que la percepción pública consideraría indecible: “Debí haber recurrido desde el principio a la policía...”. Estas palabras le deben hacer el mismo efecto que una puñalada. Salen de unas entrañas cocidas por el ácido de una pérdida irrecuperable, la muerte de su hijo. Fernando Martí, su chofer y escolta no fueron plagiados por un grupo de menesterosos hambrientos que en ese acto vieran la posibilidad de saldar sus necesidades básicas. No, fueron levantados por un comando de uniformados, bien pertrechados, con dominio tecnológico para distorsionar la voz y dueños de la información que los llevó a tener éxito en el secuestro. Fue una acción semejante a la que hubiera podido facturar un ejército de ocupación o una brigada de temible dictador. De ahí que Alejandro Martí rechazara inicialmente acudir a cualquier procuraduría y recurriera a un experto en esas turbulentas artes de la negociación y la facilitación. El hombre estaba desesperado.
¿Quién está preparado para afrontar el trance de saber que un ser entrañable está en manos de secuestradores? Los testimonios que hemos conocido por parte de familiares de los victimados son desgarradores. Los domina inicialmente la impotencia, luego son devorados por la incertidumbre y, cuando larguísimo tiempo después tienen que enfrentarse al brutal momento de reconocer el cadáver golpeado, mutilado y putrefacto de aquel jirón de su alma, seguramente se preguntarán: ¿qué hice mal?
Asumir esa culpa no les pertenece, será el tormento que los persiga quién sabe por cuánto tiempo. Y ningún mortal debiera meterse en la cabeza esa interrogante. La responsabilidad de mantener en paz y con seguridad a los gobernados corresponde a nuestros gobernantes. Es una obligación primerísima e impostergable. Pero no la atienden porque no es lucidora ni rentable políticamente; por ello, los secuestros que terminan en el asesinato del plagiado repercutirán durante toda la existencia de sus familiares y amigos cercanos. Al llanto y la frustración se deberán añadir los desajustes emocionales, las enfermedades, los padecimientos constantes y la zozobra permanente. Ese inmenso y profundo castigo debiera ser revertido sobre los delincuentes y para ello la participación gubernamental es innegable. ¿Cómo?
Con limpias efectivas, reales y no cosméticas en todos los cuerpos policiacos y fincando responsabilidades entre sus componentes; no menos importante es otorgar capacidad de investigación y eficiencia a los ministerios públicos al aplicar sin delación la reforma sobre impartición de justicia recientemente aprobada y no esperar los ocho años que propusieron para, “gradualmente instrumentarla”.
¿En qué fallé? Deberá ser transformada en la oportunidad de seguir el rastro de todos y cada uno de los apresados por delitos de secuestro y homicidio. ¿Cómo? Transparentando los casos y separando a los presuntos criminales en recintos aparte de cada reclusorio. En suma, marcándolos para que los deudos e interesados puedan coadyuvar con la autoridad así como rastrear a esos individuos. La carga emocional y total de la ola intensa de lastimadura social debe ser puesta sobre los hombros adecuados: primero en los de los más de 90 mil delitos nunca detectados ni consignados entre los jueces. Después, sobre los de los gobernantes, cualesquiera que sea el rango y condición. Son ellos los que han fallado.
Los trabajos de Raúl Cremoux en materia de comunicación social son pioneros en México. Sus textos, de punzante humor crítico, se han extendido para ocuparse también del acontecer económico, cultural, social y político. Ha transitado del artículo periodístico al ensayo; de la cátedra universitaria a la publicación de cuentos y libros de investigación y entrevistas. De la producción radial a la televisiva.
Tiene una licenciatura en Comunicación por la Universidad Iberoamericana y un post grado en la Escuela de Altos estudios de Comunicación de Paris, Francia cuando a éste lo dirigía Roland Bartres.
Ha colaborado, en diferentes épocas, con El Universal, Excelsior, Unomásuno, Siempre!,El Occidental, Gente, Revista de la UNAM, la agencia AMI en México y con Época de España, Le Monde de Francia, Comunicación y cultura de Chile, Dagersnnietten de Estocolmo y Los Angeles Times de EUA.