Cada vez que surge una crisis, las tareas de los banqueros centrales se comparan con la de los héroes mitológicos. Antes, se ha hecho la analogía con Ulises, que quería entrar a puerto seguro, evitando, de un lado, a Escila, la sirena convertida en monstruo devorador —la inflación—, y, del otro, a Caribdis, un mortal remolino —la recesión—. Ahora los retos se asemejan más al segundo trabajo de Hércules, en que combate a la hidra de Lerna con sus varias cabezas, en que cada vez que cortaba una surgían dos nuevas.Este símil es elocuente para expresar los peligros y complejidades de las crisis actuales y su dificultad para resolverlas en poco tiempo. La hidra en efecto son varias crisis: una, la financiera, la más severa desde 1929, en la que ha perecido uno de los cinco mayores bancos de inversión, Bear Sterns, y acciones bancarias han perdido tres cuartas partes de su valor. Las economías van en espiral recesiva. Una crisis energética con espectacular crecimiento del precio del petróleo que, junto con una crisis alimentaria, afecta severamente a los países pobres que alcanzan nuevamente inflaciones de dos dígitos. Una caída dramática del dólar y dos grandes desequilibrios en la principal economía, el de balanza de pagos y un déficit fiscal histórico que alcanza medio trillón de dólares. El problema es que cortar una cabeza de la hidra amenaza con que surjan otras. Cada una debe atacarse con armas de política diferente y frecuentemente contradictorias. Para hacer frente a la crisis bancaria, la Fed y el Tesoro de EU inyectaron liquidez y bajaron tasas de interés para rescatar instituciones y mantener el crecimiento, pero ello no ayuda a contener presiones inflacionarias. El Banco Central Europeo defiende su monobjetivo de atacar la inflación y sube las tasas de interés, pero se agudiza la contracción económica. ¿Cómo se traduce esto en México? El Banco de México, fiel a su ley, va contra la hidra de la inflación, elevando las tasas de interés. Hacienda preserva el crecimiento con una política de gasto público contracíclico, gracias al petróleo, y se subsidia la gasolina y los alimentos. El escenario es grave con una desaceleración económica que se extiende globalmente, con presiones inflacionarias todavía presentes y, en México, un ambiente social y político complejo con elecciones en 2009. Para resolver el dilema de políticas, ¿el “malabarismo” estará a la orden del día? Ex subsecretario de Hacienda |