El anuncio es oficial: a partir de ayer entró en acción un grupo antisecuestro que se ocupará de “captar y procesar información criminal que les permita alinear capacidades y definir estrategias operativas y controlar indagaciones para identificar a organizaciones dedicadas al secuestro”.Los ciudadanos deberíamos estar contentos porque se toman medidas para nuestra seguridad. Si no fuera porque hemos escuchado lo mismo tantas veces antes. Tan sólo en la década pasada, el gobierno creó una comisión especial para atender la delincuencia, pero como a pesar de eso ésta seguía viento en popa, organizó un Plan de Reacción Inmediata y Máxima Alerta, que sin embargo tampoco resolvió el problema. Entonces formó un grupo intersecretarial y organizó una Reunión Nacional de Procuradores y creó una Secretaría de Seguridad Pública. Pero resultó que ni de esa manera se componía la criminalidad y por ello creó con bombos y platillos un Consejo Nacional de Seguridad Pública en el que participaban gobernadores y procuradores y que, según el procurador general de la República de ese momento, nos aseguraba “todas las posibilidades de llegar al nuevo siglo como un país de leyes y justicia gracias a este instrumento sin precedente”. Pero he aquí que el instrumento no funcionó y estamos otra vez escuchando planes magníficos para combatir los secuestros, que ya en 1995, según la revista Time, éramos el país del mundo donde se producían más. Ahora el gobierno jura que con 300 señores (que dice son incorruptibles ¿dónde los encontraron?), que trabajarán 24 horas al día, todos los días del año y en todo el territorio nacional, podremos acabar con miles de secuestradores y darle seguridad a un país de más de 100 millones de habitantes y casi 2 millones de km cuadrados. Pero suponiendo que pudieran, ¿a qué horas los capacitaron para de la noche a la mañana formar el grupo? Y si ya estaban preparados, ¿por qué esperaron para ponerlos a actuar? También juran que conviene quitar los retenes (¿no nos habían dicho antes lo contrario?) y asignar más presupuesto (¡el doble que a la UNAM!) y aumentar las penas (nos esperan otra vez los infinitos debates sobre tipificación de delitos: que si el secuestro merece 60 años de cárcel o 75 y medio —terminaron por ponerlo en 50—, que si son o no acumulables las sentencias —a un secuestrador le impusieron ¡203 años de prisión!—, que si esto, que si aquello). Y en lo que debaten, tipifican y ponderan (11 veces se han aumentado las penas por secuestro y dos más se han presentado iniciativas para volverlo a hacer y ahora ronda la idea de la cadena perpetua), el delito sigue floreciendo. Porque para aplicar la ley primero habría que atrapar a los delincuentes. Y eso no lo hacen. Porque no quieren o porque no pueden. El problema está entonces en que en lugar de planear una estrategia de seguridad integral y a largo plazo, actúan para responder a un reclamo de la sociedad por algún evento particular y se sacan de la manga supuestas soluciones que ni funcionan ni los ciudadanos creemos. sarasef@prodigy.net.mx Escritora e investigadora en la UNAM |