ZARAGOZA.— El agua es el tema central de la expo que se celebra en esta calurosa capital de Aragón. Como problema global el hidráulico es una preocupación planetaria, pero, parafraseando a Chabat, el que un problema sea global no significa lo mismo para todos los países.En España, por ejemplo, el tema del agua tiene una relevancia similar a la que en México puede tener el petróleo. En México el agua no es una prioridad y no lo es por muchas razones, pero las dos más importantes son la ausencia de una racionalidad pública y una mezcla de complejo de culpa y victimismo. La ausencia de racionalidad pública es el síntoma más obvio del subdesarrollo. En la capital, por citar un caso, 40% de los hogares no paga el agua y, como ha señalado el titular del órgano regulador, si éstos perciben que su falta de pago no tendrá consecuencias, es racional que no la paguen. Pero esa racionalidad individual daña el interés colectivo y deja al descubierto la ausencia de un actor racional unificado que haga valer el interés de todos. El agua es una moneda de cambio para garantizar clientelas. En muchas delegaciones del Distrito Federal el partido que gobierna sigue sellando boletas de agua a quien se acerque a su clientelar protección. La paradoja es descomunal. El argumento electorero se esconde detrás de una supuesta protección de los que menos tienen, pero bajo esa solapada palabrería se esconde la perversa tradición de repartir los bienes colectivos como si fuesen inagotables. Si la preocupación son los pobres, lo lógico no es desperdiciar el agua, sino que les den una transferencia en efectivo y que con ella paguen su boleta de agua. Analista político |