El Frente Amplio Progresista ha recurrido al debate y a la consulta ciudadana. El PRI ha presentado otras iniciativas de reforma energética. El gobierno y el PAN han aceptado la derrota de sus iniciativas, pero buscan sacar adelante sus propuestas principales en alianza con el PRI. El mapa estratégico actual es otro, pero los generales que conducen el enfrentamiento lo hacen como si nada hubierapasado.El mapa estratégico de abril es insostenible. Lo fue incluso en ese momento. Ya no es posible para el PAN llevar a cabo la reforma en un fast track, donde ni siquiera sus legisladores conozcan las iniciativas sobre las que estarán votando. El PRI tampoco tiene todas consigo: su unidad puede verse fácilmente alterada conforme avance la elaboración del dictamen, pues sus legisladores han profundizado en el tema y están pendientes de los cambios que todavía puede haber en la opinión pública. Tampoco es realista esperar que, con las mismas tácticas con las que la oposición de izquierda detuvo el proceso legislativo, de aplicarse, tendrían el mismo resultado. El juego es nuevo para todos. La izquierda se ha fortalecido y ha ganado su lugar en el debate y las decisiones finales. El gobierno ha recurrido a métodos indirectos y espera todavía salirse con la suya, a pesar de haber perdido la batalla de la opinión pública. El PRI pretende mostrarse como el partido responsable que le evitará al país un problema de energía grave en los próximos años y capitalizar en su beneficio electoral la inconformidad con el gobierno. La izquierda debe decidir dónde está el punto donde mejor se defienden los principios, de tal manera que sus éxitos logren frenar la privatización, pero al mismo tiempo su peso político sea utilizado para beneficiar a Pemex. Como entonces, son tres las rutas abiertas. La primera, donde en alianza, PRI y PAN, logran aprobar unas reformas semejantes a las que propone el PRI. La segunda, donde lo intentan, pero la reacción social en contra altera nuevamente el curso de las cosas, debilitando más aún las posibilidades de una reforma e introduciendo una nueva confrontación a un escenario nacional cargado de riesgos por los efectos de la carestía, las consecuencias de la crisis financiera norteamericana y los altísimos niveles de violencia prevalecientes en nuestro país. La tercera, donde se toma en serio el debate, se respeta la opinión de los muchos que están en contra de la propuesta gubernamental y se aprovecha esa resistencia para construir una reforma petrolera que incluya los temas determinantes que los otros no han considerado, desde una efectiva mayor autonomía, la transparencia, el sindicato y la productividad, hasta el fortalecimiento de la investigación y el desarrollo de la tecnología. Ninguna de las tres fuerzas tiene por qué o con qué imponer su visión. La diferencia es que, con el debate y la consulta, la izquierda ya está sentada en la mesa, aunque los antiguos generales todavía no se den cuenta. Miembro de la Dirección Política del Frente Amplio Progresista |