Mientras el gobierno federal “gana” la guerra contra el narcotráfico, los muertos se acumulan. En este año el promedio es de más de 11 muertes diarias relacionadas con el narcotráfico. Poco a poco, la violencia se adueña del espacio público nacional. Se adueña de calles y ciudades, pero también de las pláticas y de la cobertura mediática.El nivel de violencia es tal que nos estamos acostumbrando a convivir con la muerte. En un inicio leíamos con incredulidad y sorpresa sobre los decapitados, pero hace mucho que dejaron de ser noticia. Lentamente entramos en ese peligroso terreno retratado por Fernando Vallejo: la fugacidad de la muerte, donde “al muerto más importante lo borra el siguiente partido de futbol” (La virgen de los sicarios). El nivel de violencia contradice el discurso triunfalista de las autoridades. El Estado tiene como función principal proporcionar seguridad a los ciudadanos, evitar que los unos acaben con los otros, por lo que es secundario si los muertos los pone el narcotráfico. México tiene hoy niveles de violencia comparables a los de una guerra civil (el criterio es de mil muertos y hace mucho que rebasamos esa cifra). Cuando el Estado no puede realizar su tarea más elemental, no hay forma de reclamar el triunfo. Cabe preguntarse si la violencia del Estado es el mejor medio para enfrentar al narcotráfico. Se privilegia el uso de la fuerza, los despliegues militares, sobre las tareas de inteligencia, especialmente financieras. Y es que el narcotraficante juega de local cuando se le combate con violencia. Ese es su ámbito natural: narcotraficante que es malo en el arte de la guerra muere. Sólo sobreviven los mejores. A ellos se enfrenta el Estado mexicano. Combatir el narcotráfico es un objetivo incuestionable. La interrogante es si contamos con la estrategia adecuada. Hace unos días, con inusual sinceridad, el secretario Genaro García Luna señaló los inesperados derroteros que ha tomado esta batalla: “Le apostamos a eliminar a las cabezas de la estructura criminal… La idea era que, al quitar la cabeza, el cuerpo dejaría de funcionar. (En cambio) los asesinos tomaron el control” (The New York Times Magazine, 13/07/08). Huelga decir que las autoridades no estaban preparadas para este desenlace. jblaredo@gmail.com Analista político |