Termina ya el debate sobre el asunto petrolero, organizado por el Senado. No creo que haya aportado algo diferente a lo que ya sabíamos. Ni hubo posiciones nuevas, ni información adicional, y ni siquiera sirvió para socializar ideas. Nada hizo que no hubiéramos hecho ya, salvo dejar pasar los días.Viene ahora una consulta, con preguntas amañadas, organizada por los mismos que han tenido que anular su elección gracias a un número excesivo de irregularidades, pero en el fondo debido a prácticas fraudulentas. Los fraudes que quieren ver en ojo ajeno. Una consulta que tampoco servirá para nada, puesto que técnicamente está viciada, y políticamente, después de sus fraudes internos, no tendrá ningún peso. Legalmente, por cierto, jamás tuvo sentido. Ya no hay razón para posponer los trabajos legislativos en esta materia. Nunca la hubo, ahora ni siquiera hay excusas que valgan. Los cuatro puntos de la propuesta del PRI, esbozados por Beltrones, son perfectamente coincidentes con las reformas del Ejecutivo. Deberán discutir y negociar los detalles, y aprobar los cambios pronto. En realidad, es poco lo que la reforma podrá hacer por la industria petrolera mexicana. El fin de Cantarell es el fin de México como potencia, y eso no lo cambia ninguna reforma legislativa. Los efectos de los cambios se notarán hacia el fin del sexenio, o tal vez en el siguiente. Por eso es relevante, para PRI y PAN, que la reforma ocurra. Porque de uno de estos partidos saldrá el siguiente presidente y el siguiente gobierno, que tendrá que vivir con el Pemex que resulte de las reformas. Sólo quienes no tienen ya posibilidad alguna de alcanzar el poder pueden apostarle a no cambiar. Y es que, ya lo habíamos dicho, representan el pasado y en él quieren seguir viviendo. Por eso sus tácticas dilatorias, por eso su cultura del fraude, por eso su nacionalismo de libro de texto. No extraña que logren convencer a un porcentaje de la población que comparte su visión de pasado. No extraña, lo hemos dicho, que su mayor bastión sea la capital del país, nostálgica de subsidios. Pero hay más en México, mucho más, que el Distrito Federal. Ya no hay tantos mexicanos que quieran seguirse sintiendo parte del régimen de la Revolución. Para la inmensa mayoría, el fraude, la economía cerrada, la movilización permanente, es parte de un pasado que debe quedar atrás. PRI y PAN competirán por esta inmensa mayoría. En medio del rencor, la frustración y el fraude, de consultas ficticias y debates inútiles, se entierra lo que una vez fue una esperanza. www.macario.com.mx Profesor de Humanidades del ITESM-CCM |