“Se calcula que China será la economía más grande del mundo dentro de 25 años y México será para el año 2040 la quinta economía e incluso la cuarta economía más grande del mundo, después de China, Estados Unidos e India”, afirmó el presidente Calderón en Shangai (El Economista, 10/jul/08). Bromas aparte, es conveniente que la sociedad mexicana escudriñe con realismo los escenarios del porvenir.En un primer escenario, si la economía mexicana mantiene su tasa media de crecimiento anual observada durante el periodo neoliberal (1983-2007) —y las demás economías mantienen sus tasas medias de crecimiento anual del último cuarto de siglo—, en 2040 México no será la cuarta ni la quinta economía, sino que habrá descendido del doceavo lugar que ocupó en 2007, hasta el diecisieteavo lugar, abajo no sólo de China, India, Rusia, Brasil, etcétera, sino también de Turquía, Indonesia y Malasia. Peor aún, en este mismo escenario —con tasas de crecimiento iguales a las observadas en el periodo 1983-2007 y en valores de paridad de poder adquisitivo (PPA)—, el Producto Interno Bruto (PIB) por habitante de México será menos de la séptima parte del PIB per cápita de China. Continuaría así la trayectoria decadente que México ha padecido durante el periodo de la aplicación de la estrategia neoliberal. En 1982, México ocupaba el octavo lugar entre las mayores economías del planeta; en 2007 había descendido al doceavo lugar. Por su PIB per cápita —siempre en PPA—, México ocupaba en 1982 el lugar 43 entre las 80 economías con mayor PIB per cápita del planeta; en 2000, había caído al lugar 51; y en 2007 cayó hasta el lugar 61. Fue una consecuencia natural de la perseverante aplicación de la estrategia económica neoliberal —basada en el decálogo de “reformas estructurales” y “disciplinas macroeconómicas” del Consenso de Washington—, que trajo consigo un volátil crecimiento del producto nacional y del empleo, a causa de la ortodoxia macroeconómica que cancela el papel contracíclico de las políticas monetaria y fiscal, propiciando los repetidos ciclos de freno y arranque; además, a causa de la liberalización comercial a ultranza, combinada con el severo achicamiento de las políticas de fomento económico, el modelo neoliberal profundizó la desarticulación interna y las desigualdades tecnológicas y de productividad entre los distintos sectores y ramas de la economía, acrecentando dramáticamente el desempleo encubierto en el sector informal (de baja tecnología y productividad); y provocando, en consecuencia, el ensanchamiento de las desigualdades en la distribución del ingreso y el incremento de la pobreza. En un escenario muy diferente, si México se atreve a sacudirse los dogmas del Consenso de Washington, diseñando endógenamente su propia estrategia de desarrollo e inserción eficiente en la economía global, es perfectamente factible —como lo muestran las evidencias empíricas internacionales de las economías exitosas (herejes al Consenso de Washington), así como nuestra propia experiencia histórica— que nuestra nación reencuentre el camino del crecimiento económico sostenido, por lo menos a una tasa media similar a la observada bajo el modelo económico precedente al neoliberal (6.1% anual durante el periodo 1934-1982). En este escenario, México sería en 2040 la sexta economía del planeta, con un PIB per cápita poco menor de la mitad del PIB per cápita de China. La clave consiste en atreverse a cambiar. De otro modo, la historia de nuestro pasado reciente —un cuarto de siglo perdido para el desarrollo— será el espejo de nuestro futuro. Investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM |