El resurgimiento de John McCain obedece a su capacidad de transmitir certeza a un electorado inseguro sobre qué hacer interna y externamente, así como al aparato operado desde la Casa Blanca. Crisis alimentaria, cambio climático, costos de energéticos, desafío iraní, sumados al quebranto de instituciones financieras y un futuro económico incierto, serán factores esenciales para decidir la campaña el próximo otoño, contrastando con el debate superficial de las primarias. Este ambiente de crisis cercana favorece la estrategia de mano firme como demanda ciudadana.En diciembre último, una actuación de este tipo dio respiración artificial a sus aspiraciones presidenciales. Fue el único entre 12 postulantes que respondió como posible comandante en jefe frente al asesinato de Benazir Bhutto. Algunos pidieron la renuncia de Musharraf, otros movilización de tropas, mientras el héroe de guerra proponía diálogo y apoyo condicionado a su aliado en Paquistán. Esa fue la fórmula adoptada, que evitó generar otro foco de conflicto. Desde hace meses éste viaja como candidato virtual, visitando zonas críticas, conversando con actores clave, transmitiendo la imagen de líder pragmático. El discurso intransigente que utilizó en el Senado lo ha modificado para atender la agenda de los grandes contribuyentes republicanos que desconfían de su liderazgo, pero que ante la perspectiva de conservar el control presidencial, ambas partes buscan los acomodos para asegurar el triunfo. Cabe recordar que los presidentes estadounidenses desde el siglo XIX han participado, sin excepción, en guerras o en operaciones militares de riesgo innegable, lo que explica que McCain pretenda proyectar la imagen de un candidato capacitado para asumir responsabilidades de gran urgencia. Esa es su apuesta frente al candidato demócrata, que carece de experiencia y firmeza para enfrentar decisiones inmediatas. Esta percepción se ha confirmado con los cambios mercuriales que ha tenido con respecto a la salida de tropas de Irak o sus traspiés con los líderes de Irán. En el viaje a Colombia, que coincidió con el rescate de rehenes estadounidenses y de Íngrid Betancourt, el presidente colombiano le dio trato de jefe de Estado informándole detalles del operativo, que seguramente contó con apoyo de la inteligencia de su país. La breve estancia le confirmó los méritos del apoyo que han brindado contra el crimen organizado y la narcoguerrilla, temas esenciales en la agenda de seguridad nacional. En México, reafirmó el compromiso con el TLCAN y el libre comercio en la región. Sin embargo, quien sostenía en el Senado “Ningún muro, sensor o alambradas detendrán a quienes buscan mejorar sus niveles de vida. Sólo tendremos fronteras seguras aprobando una reforma migratoria que reconozca nuestra necesidad de mano de obra y la urgencia de quienes no tienen trabajo en otros países”, lo cambió abruptamente por “primero el muro, patrullas y sensores, después la reforma migratoria”. Emergió el americano feo definido por Fulbrigth, recordando a neoconservadores e indecisos que saben amedrentar, incluso a los vecinos, evitando compromisos incómodos. La recepción discreta del gobierno mexicano a esta visita refleja experiencia histórica. Sin estridencias, se reconoció que no se deben abrigar expectativas hasta que el ganador decante los intereses a atender. Para entonces, deberemos tener preparados escenarios de contingencia para enfrentar decisiones negativas. montesco98@yahoo.com Analista político |