Durante esta semana se celebró la reunión del grupo denominado G-8, que agrupa a las economías supuestamente más importantes del mundo, incluyendo, por razones políticas, a Rusia. El problema que tiene este grupo es que sus dirigentes actuales son débiles, política y económicamente, dado que hoy el peso económico del mundo va más allá del G-8, por lo que se van a reunir también por un lado con el grupo de países africanos y, por otro, con los países cuya participación hoy en la economía es fuerte, principalmente China, India, Brasil y también México.Dicha reunión tuvo varios objetivos: analizar la escalada de los precios del petróleo y de los productos alimentarios, el cambio climático y la ayuda a los países africanos que intentaban duplicar el apoyo del G-8 de aquí a 2010, lo cual significaba llevar a 50 mil millones de dólares la ayuda a los países más pobres del continente africano antes de la subida de los precios del petróleo y los alimentos. Las expectativas de esta reunión eran pocas y con los hechos ya hemos visto el rechazo al compromiso con África, o en materia del cambio climático apenas para el año 2050 se comprometen a bajarlo a 50%. Muchos analistas piensan que el G-8 debe desaparecer y crear otro con las naciones que hoy son las que realmente mandan en el consumo y comercio mundial, principalmente las asiáticas, China e India. Un asunto que los países productores afiliados en la OPEP vienen repitiendo desde hace ya algún tiempo es que el aumento continuo del precio del petróleo es resultado de la especulación mundial. Los fondos especulativos han estado activos en este mercado, especialmente a raíz de la crisis de las hipotecas basura, de las cuales han huido y ahora todos sus afanes están en el petróleo y los alimentos. Incluso el gobierno austriaco ha propuesto a la Unión Europea que se ponga un impuesto a la especulación y en el Congreso estadounidense se han introducido más de 10 propuestas para combatirla. Sin embargo, hay voces, como la de la revista The Economist en su última entrega, que dicen que no es para tanto y no debería culparse a los especuladores que hacen su trabajo e incluso hacen un servicio vital a las economías, y que cualquier intento de someter a los especuladores será peor. Por lo antes mencionado, las expectativas creadas sobre un resultado aceptable en dicha reunión eran pocas. Tan sólo en el tema petrolero, desde la última reunión del G-8 hasta ésta de Japón, el precio del barril se ha duplicado, y en materia del cambio climático poco se ha hecho y se hará. La representación de México la encabeza el Presidente que, según se ha informado, lleva una propuesta para crear un fondo mundial sobre el cambio climático, que sin duda es muy importante, pero también esperemos que mencione el problema del alza de precios del petróleo y los alimentos que se están convirtiendo en un asunto de seguridad nacional en nuestro país, donde la mitad de la población es pobre. No podrá haber democracia y desarrollo, el famoso binomio, si unos cuantos se adueñan de la riqueza que generan millones de pobres en todo el mundo y no la comparten. Es por eso que hay que buscar nuevas fórmulas más allá de estas pomposas reuniones que casi siempre acaban en discursos floridos y pocos compromisos concretos de solución en el corto plazo. Analista político y economista |