A raíz del gobierno dividido que resultó de las elecciones de 1997 y la alternancia de 2000, se tuvo la necesidad y oportunidad de haber reequilibrado en forma constructiva la relación entre los poderes de la Unión y con las autoridades locales. Se habló de que el régimen político, enriquecido con mayor transparencia electoral, requería de una reforma del Estado. La oportunidad no se tomó y durante años el país ha padecido de un diseño inadecuado de su régimen político que dificulta tomar decisiones, debilita la representación y ha degradado al poder del Ejecutivo. Vivimos de las inercias del antiguo régimen, sin que haya habido capacidad para reformarlo.Hoy, la presión social y política que provocó la “reforma energética” del Ejecutivo, ha abierto una oportunidad al Senado que muchos aún no reconocen, pero que podría tener mayores consecuencias que los esfuerzos anteriores de reforma del Estado. El debate en curso ha tenido ya varias consecuencias y podría, con facilidad, derivar en pequeños pero trascendentes cambios que fortalecerían al Senado y oxigenarían a la vida política. El debate sobre el petróleo que entró con calzador, por la presión del movimiento en defensa del petróleo, ha cobrado fuerza. A pesar de que no ha tenido un espacio amplio en los medios electrónicos, ha influido decisivamente en la opinión pública. A estas alturas, más allá de las posiciones de los partidos y del potencial opositor de movilización social, los argumentos de los especialistas se han socializado. Casi la mitad de la población se ha interesado en el tema y todo ello ha contribuido a establecer un veredicto adverso a las iniciativas gubernamentales que, desde luego, tendrá que ser tomado en cuenta por los legisladores, los partidos y el propio gobierno. Al Senado han ido todos, pues a nadie se le ha excluido por razones políticas. Han acudido un buen número de los principales líderes académicos y sociales, los más connotados abogados, científicos, ingenieros y especialistas. Todos han tenido la oportunidad de expresarse y, lo más importante: han sido escuchados. Se sabe que se está ante un tema de fondo, que hay un conflicto mayor subyacente y se ha cobrado conciencia de la grave situación que se tendrá que enfrentar. Ello ha permitido concentrar atención, ideas y política. Este ejercicio, con independencia de las decisiones pendientes sobre el petróleo, podría derivar en dos cambios que lo institucionalizarían y proyectarían. Primero, una vez constatado el potencial de los debates públicos en temas trascendentes, habría que dar el siguiente paso: que el Senado pueda citar a comparecer, bajo la obligación de decir la verdad, como ocurre en Estados Unidos. Segundo, que sin aceptar ningún pretexto, el Canal del Congreso entre a la televisión abierta, por medio de la interconexión de canales regionales. Es una oportunidad que los senadores no deberían dejar ir, porque consolidaría su poder y los prestigiaría. Miembro de la Dirección Política del Frente Amplio Progresista |