Me vieron con cierto aire de hostilidad. Por eso mismo les pregunté si podía acercarme y tomar algunas notas de los carteles que familiares y amigos de los jóvenes muertos pusieron en las puertas de entrada que dan a la avenida Eduardo Molina.Eran los policías de guardia apostados en el New’s Divine (“Un nuevo concepto para gente con estilo”). Aceptaron sin dejar de poner atención en lo que yo hacía. En la banqueta y los escalones de entrada hay una gran cantidad de veladoras de diversos colores y tamaños, acompañadas de estampitas de santos. Es un improvisado altar colectivo. Alzas la mirada y lees: “Heredy, tu muerte no quedará impune. Atentamente 327 Rifa”. “Alfredo es inocente. Hay que apoyarlo. La Banda”. “Queremos que se haga justicia”. “Leonardo Amador, tu muerte no será en vano”. “¿A dónde quedaron los demás cuerpos que sacaron por atrás? No fueron 12, fueron más”. Y es que el antro en el que ocurrió la tragedia el viernes 20 de junio hace esquina con la calle 312, en la que también termina, en cuchilla, la calle 303, de manera que, efectivamente, hay una puerta trasera. Esa otra parte del local no ha salido en los videos ni en las fotografías. Es una salida trasera que, desgraciadamente, se abrió a destiempo, cuando la estampida y los decesos de nueve jóvenes y tres policías ya habían ocurrido. Sin embargo, por allí logró abandonar el sitio alguna parte del tumulto que se apretujaba, bailando alegremente, antes de que entrara en acción el fatal operativo. Ahora se acercan al sitio diversos tipos de gente, sobre todo jóvenes y adolescentes para ver con sus propios ojos el lugar de la tragedia y algunos, también, para rendirle homenaje a quienes esa tarde trágica perdieron la vida. En las afueras del New’s Divine aún se respira, al mismo tiempo, coraje y tristeza. De la enorme cantidad de notas, reportajes televisivos, comentarios y testimonios de muchachos que estuvieron allí, ninguno me ha parecido más descriptivo de lo que sucedió en la discoteca de la Nueva Atzacoalco que el que dice: “Nos cerraron las puertas de la vida”. El dolor también sigue allí. jfsantillan@itesm.mx Académico del Tecnológico de Monterrey (CCM) |