Ya he dicho en este espacio que lo que me parece mejor de la propuesta calderonista sobre la reforma energética es que puso en marcha un debate que resultaba necesario en el país, pues urgía sacudirnos la inercia mental que venimos arrastrando desde hace rato.Gracias a eso pasamos de sólo pensar en elecciones y partidos y pleitos entre personajes políticos a cuestionarnos sobre la nación y la historia y a generar la obligación individual y colectiva de clarificar posiciones y encontrar argumentos para sostenerlas. El resultado de este proceso ha sido un importante cambio cultural. Porque lo que parecía ser un tema económico y técnico, que luego se había convertido en político, ahora ha devenido un asunto cultural. Los mexicanos tuvimos que ponernos a aprender y a pensar y ahora todos sabemos de petróleo, de cifras y reservas, de inversiones y tecnología, y lo principal, todos opinamos y tomamos posición. Lo que era un tema de grupitos es hoy la clave de la cultura nacional. Algo así como lo que en el último cuarto del siglo XX sucedió con los afanes democráticos y con las ideas de igualdad que empezaron siendo propuesta de unos cuantos y terminaron generando un enorme cambio. Hoy parece estar sucediendo algo similar. Lo que empezó como apoyo a AMLO en su cruzada se ha ido convirtiendo en un proceso social por medio del cual la izquierda parece al fin haber podido transformar lo que fue el movimiento civil del año 2006 “en un efectivo afán para propiciar reformas institucionales”, como quiere Ilán Semo. Así que lo que algunos pretenden considerar como un asunto solamente económico o solamente político o solamente ideológico no es tal, sino se trata de un cambio cultural y allí radica su significación. Dicho de otro modo, que a estas alturas lo que importa no es nada más si es cierto o no que la propuesta calderonista apuntaba a privatizar, si es cierto o no que como país contamos con recursos propios para hacer lo que se requiere a fin de explotar, refinar y distribuir hidrocarburos, si es cierto o no que el marco jurídico debe y puede o no reformarse, sino también el fenómeno mental que se ha generado. Para muchos es difícil entenderlo y se enfurecen: “Vivimos al margen del devenir mundial y de seguir así volveremos a perder el tren de la oportunidad”, dice un lector, y otro: “Con tristeza veo que el potencial que podríamos tener no ocurre”. Aunque quizá tengan razón en un sentido, el tema ahora es otro: las movilizaciones sociales aunadas a las posiciones asumidas por los intelectuales que se han subido al carro y apoyan a López Obrador con sus explicaciones y argumentos se han convertido en la semilla de un cambio de conciencia, que trasciende el tema petrolero y abona a la construcción de ciudadanía y a la participación. En ese sentido, tuvo razón José Woldenberg cuando escribió que “las causas ofrecen sentido a la acción política y pueden ser una auténtica palanca de cambio”, pues pocas veces esto ha sido tan evidente como ahora. sarasef@prodigy.net.mx Escritora e investigadora en la UNAM |