Hace dos años, frente a una elección muy cerrada, se hizo popular la consigna “voto por voto”. Entre quienes, desde los medios, se sumaron a ella estaba José Antonio Crespo, quien no formaba parte de la fracción mayoritaria de los quejosos, que insistían en que López Obrador debería haber ganado. Crespo decía que el margen tan pequeño y las inconsistencias tan abundantes nos impedían saber a ciencia cierta quién había ganado.Dos años después, José Antonio Crespo nos ofrece un libro muy valioso: 2006: Hablan las actas, resultado de su decisión de confirmar su hipótesis del tiempo electoral. Es un libro que usted debe leer. Como el académico cuidadoso que es, revisó la mitad de las actas del 2 de julio, y logró encontrar que los errores suman cerca de 317 mil votos. Es decir, en la mitad de las casillas, los errores son mayores que la diferencia de votos totales entre primero y segundo lugar. Lo que Crespo documenta es que el proceso electoral en México tiene un error cercano a 1.5%, y éste es un dato relevante. En segundo lugar, Crespo puede confirmar que no hay indicios de fraude en la elección. Lo mismo que han concluido todos los académicos serios que han analizado el tema. Javier Aparicio, por ejemplo, obtiene resultados muy parecidos a los de Crespo en el análisis que publica junto con Ricardo Raphael en el libro de éste, Los socios de Elba Esther. En entrevista televisiva con Denisse Maerker, sin embargo, Crespo y Aparicio tienen una divergencia clave. El primero, como lo dice en su libro, cree que no es posible saber quién ganó en 2006, debido al error mencionado; el segundo cree que sí se puede, porque el error, al ser aleatorio, puede ser analizado estadísticamente. De manera que el pequeño margen por el que gana Calderón permite tener una confianza bastante elevada. En cualquier caso, lo que queda claro es que una elección presidencial en México, con una diferencia menor a 1.5%, está sujeta a los errores humanos, y por ello es conveniente que la ley permita tomar medidas en ese caso, como ya lo hace. Pero no lo hacía entonces. Hay que recordar que en 2006, a pesar de la consigna del voto por voto, nadie solicitó formalmente al Tribunal la revisión total de las casillas. Y que las que el Tribunal revisó, casi 10% y todas en las zonas en donde Calderón había ganado, no redujeron el margen entre éste y López, sino que lo ampliaron. En suma: la verdad histórica empieza a configurarse. No hubo fraude, sí hubo errores, el Tribunal actuó con las herramientas que tenía. Es tiempo de que el PRD recupere la sensatez. www.macario.com.mx Profesor de Humanidades del ITESM-CCM |