Tenemos que desatar el nudo gordiano que forman tres retos: nuestras necesidades de energía, de alimentos y el recalentamiento del planeta. Los historiadores sabemos que el clima ha variado mucho a lo largo de la historia y que las alternancias han contribuido al desarrollo y a la caída de imperios y civilizaciones.Somos más vulnerables al cambio climático que nuestros antepasados, con todo y nuestra superioridad tecnológica. Nadie habla de reducir el nivel de vida alcanzado por las naciones más favorecidas; más bien la meta es alcanzarlo, como lo demuestran las clases medias emergentes en China e India. Pero el encarecimiento progresivo del petróleo, ligado a la demanda de estos dos países gigantes, nos obliga a reflexionar sobre el triple nudo alimentos-energía-clima. El barril de petróleo acaba de alcanzar el precio de 140 dólares, de modo que la profecía hecha en 2006 por Patrick Artus de un barril a 300 dólares en 2015 no puede más ser ridiculizada. El mundo sufrió ya dos “choques petroleros”, en 1973, por la guerra de Kippur, y en 1979-1980 con la revolución islámica iraní y la guerra entre Irak e Irán. La crisis fue provocada por la brutal reducción de la oferta. Hoy la causa del alza es el crecimiento sostenido de la demanda de los gigantes emergentes y la recuperación de las materias primas, incluidos los alimentos. Frente a la demanda actual, los precios son la única variable de ajuste; es inútil buscar “culpables”. ¿Quién reprochará a chinos e indios el mejoramiento de su nivel de vida? Tampoco la OPEP ni las petroleras son los “culpables”. Los productores han entendido que deben “sembrar el petróleo”, diversificar su economía, prever el futuro, como los países árabes, que no desean aumentar su producción. ¿Por qué agotar un recurso no renovable, como Venezuela y Rusia? Seamos realistas: no hay a corto plazo una alternativa seria a la energía ligada a los hidrocarburos. Nuestra civilización automotriz devora gasolina, gas y diesel. Cuando el precio del barril duplica, el consumo mundial se mantiene. ¿Qué hacer? Reducir la demanda, mediante ahorros de energía, y aumentar la producción. Eso no va a reducir los precios porque dicho aumento necesita grandes inversiones para sacar el petróleo del golfo de México, de las costas de Brasil, de las arenas asfálticas de Canadá. Inversiones también para recuperar el petróleo en los antiguos yacimientos: nuevas tecnologías permiten aumentar la tasa de recuperación. No existe solución milagrosa a nuestros problemas. Ningún Alejandro cortará el nudo gordiano; con paciencia, tecnología, dinero, se le podrá desatar racionalmente, si actuamos de manera responsable, combinando soluciones, ahorros disciplinados, fuentes de energía y de productividad, sin temer supersticiosamente al átomo y a los OGM. Amén. jean.meyer@cide.edu Profesor investigador del CIDE |