Durante la víspera de la cumbre de ministros de Hacienda de las Américas, realizada en Cancún, el director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, señaló: “Enfrentar de manera conjunta la desaceleración económica y el aumento de la inflación no es tarea fácil para ningún país”; y recordó que “es necesario considerar que las presiones inflacionarias no son de corto plazo. Aunque el mundo podría encontrar formas para aumentar la producción de alimentos (…) no ocurrirá lo mismo con el petróleo” (EL UNIVERSAL, 24/VI/08 y La Jornada, 24/VI/08).En efecto, el problema apenas comienza; y el debate —más allá del reciente apretón monetario del Banxico— continúa abierto. Para empezar, es necesario elucidar las medidas adecuadas de política monetaria, en circunstancias en que la inflación importada (derivada de alzas de precios internacionales) se combina con la desaceleración de la economía mexicana. Pero también es necesario elucidar las demás políticas necesarias —fiscales, agrícolas, energéticas, industriales, regulatorias del sistema financiero, etcétera— para encarar este problema dual. Ahora bien, la importancia de una adecuada política monetaria proviene precisamente de su incidencia en la demanda agregada. Se trata de un arma de dos filos, donde las medidas adoptadas para limitar la inflación (alza de las tasas de interés) pueden tener un efecto negativo sobre el crecimiento económico. De manera implícita, así lo ha reconocido el propio Banco de México en un documento excepcional en su género (Informe sobre la inflación abril-junio de 2000), donde describe los mecanismos de transmisión de la política monetaria del siguiente modo: Primero: “Un aumento de la tasa de interés nacional induce una apreciación del tipo de cambio, lo que disminuye el precio de los bienes comerciables. Por otro lado, una apreciación del tipo de cambio lleva a una reducción de la demanda por exportaciones y a un aumento de las importaciones, mitigándose las presiones de la demanda agregada sobre los precios internos”. De esta manera, asoma la utilización deliberada del tipo de cambio como ancla antiinflacionaria. Se afecta, en consecuencia, la competitividad de la planta productiva mexicana, tanto en los mercados externos como en el mercado interno (frente a las importaciones), reduciéndose así el crecimiento económico. Segundo: “Los movimientos de la tasa de interés inciden directamente sobre la demanda agregada. Esto, debido a que determinan las condiciones en que se otorga el crédito tanto para el consumo como para la inversión”. Se induce, en consecuencia, una contracción indiscriminada de la demanda interna agregada, en condiciones en que la apreciación real del tipo de cambio incentiva el consumo de importaciones y reduce la demanda de exportaciones, de manera que la contracción indiscriminada de la demanda agregada afecta de manera generalizada la producción nacional de bienes. De esta manera, el alza de las tasas de interés incide negativamente no sólo sobre el consumo, sino también sobre la inversión física, la producción y la generación de empleos. De allí la importancia de guardar siempre un razonable equilibrio entre las metas de inflación y las metas de crecimiento. Pero, además, hay que recordar que las medidas de política monetaria resultan ineficaces para reducir la inflación cuando ésta deriva de choques de oferta. En consecuencia, es necesario rectificar la dirección de la carga de esta arma de dos filos, en favor del crecimiento económico y el empleo. Investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM |