Cuando la dictadura todavía era perfecta, nuestros próceres jamás permitieron que la manada de ovejitas ciudadanas se inquietaran por alguna mala noticia, para así preservar la atmósfera de idílica impunidad que necesitaban los semidioses del poder, que nos llevaron a la masacre de 1968 y a las sucesivas catástrofes financieras que arrastraron a nuestra moneda de 12 pesos por dólar a más de 10 mil, a la deuda externa que pasó de 4 mil millones de dólares a más de 300 mil, y lo que vaya apareciendo, al éxodo de 10 millones de mexicanos y a la pobreza lacerante de la mayoría de la población.Todas esas tragedias sociales que el poder y los medios encubrieron, cuando finalmente fueron explotando, sólo produjeron cambios cosméticos, y así se nos dio el derecho a votar; privilegio que se ha convertido en un “cochinero” que a diario nos avergüenza. Asimismo, a partir de cualquier votación, los mexicanos debemos volver a la servidumbre ancestral de quien sólo tiene derecho a nada y que únicamente se entera de su desgracia cuando ésta lo aplasta. En ese entorno, no solamente en México, sino en el mundo entero, hasta ahora hemos sabido que “el trinquetazo” de los precios del petróleo provocó una de las más graves tragedias sociales que ha enfrentado la humanidad, ya que el fraude de los petrodólares desmoronó a la industria de la construcción y también llevó a la quiebra a la mayor parte de los bancos globales, que para salvar el pellejo nos roban las tasas de interés, mientras siguen extorsionando a los consumidores de tarjetas de crédito cobrándoles más de 40% anual. Esa parte de la crisis, aunque parezca increíble, es la menos grave, ya que la escasez de comida y la hambruna que ya comenzó, gracias a los especuladores del petróleo asociados con sus compinches en los mercados bursátiles de alimentos, están llevando al mundo entero a la crisis alimentaria más grave de los tiempos modernos. Estos hechos tan reprobables se mantuvieron ocultos y disfrazados para que la borregada siguiera en la ignorancia, abrumada por la información cotidiana de nota roja, mientras el poder y los medios nos escondían la verdad hasta que la crisis explotó sin remedio; y a eso lo llaman democracia y transparencia. ¡Qué cinismo! editorial2003@terra.com.mx Doctor en Derecho |