El Congreso llevó a cabo su periodo extraordinario para hacer pequeños ajustes al sistema político. Quizá lo más significativo de estas reformas sea la configuración de reglas que tratan de evitar la confrontación entre poderes. Al mismo tiempo, lo lamentable son los pendientes que quedaron y la incapacidad de hacer las reformas que necesita el país, como una nueva ley de medios o establecer las figuras de democracia directa.Estos cambios son una expresión de las propias limitaciones que tiene actualmente la clase política mexicana, que prefiere modificar los detalles y no lo sustantivo. Reconocer que la polarización es una realidad que sigue estructurando el clima político del país conduce sólo a tener pequeños cambios. El presidencialismo mexicano ha cambiado mucho, pero más por las consecuencias de un sistema competitivo de poder que por grandes cambios a la Constitución. A pesar de lo anterior, el Presidente sí ha perdido algunas facultades de poder que han sido transferidas a los organismos autónomos (IFE, Banco de México), así como por el adelgazamiento del sector público. Los cambios más notorios se han dado por la llegada de los gobiernos divididos. Así podemos entender algunas reformas como la desaparición del “veto de bolsillo”. Sin embargo, en la negociación falló el contrapeso, es decir, la “iniciativa preferente”, porque la Cámara de Diputados no logró sacarla adelante, con lo cual el Ejecutivo no podrá proponer hasta dos iniciativas al inicio de los periodos con la obligación de ser dictaminadas y votadas. Otro cambio fue para evitar que cada 1 de septiembre el Presidente tenga que ir a presentar su informe de gobierno; ahora ya no tendrá que ir al Congreso y sólo lo mandará por escrito. Ante la imposibilidad para construir alguna forma de diálogo, los legisladores decidieron cortar por lo sano para que el Presidente ya no vaya a San Lázaro. Para no verse las caras entre legisladores y Ejecutivo se inventó una pieza que sustituye el ritual, la llamada “pregunta parlamentaria”, mecanismo de preguntas y respuestas por escrito. Así termina el ritual que pasó de ser el día del Presidente al día en contra del Presidente. Asimismo, el primer mandatario podrá viajar fuera del país sin pedir permiso al Congreso hasta por siete días. El pendiente más relevante fueron las modificaciones a la ley de medios, sobre todo para concluir el ciclo de la reforma electoral. Otra vez el Congreso se quedó atrapado por las presiones de los grandes concesionarios que ejercieron su “veto de facto”. Seguirá el litigio entre autoridades electorales y concesionarios por la ausencia de reglas claras para que se cumpla la reciente reforma electoral en materia de medios. Se aprobó la Ley del Sistema de Medios de Impugnación, salvo las nuevas causales de nulidad de una elección presidencial por diversas violaciones a la legalidad. Se aprobó también la desaparición del secreto bancario en materia electoral. Y se nombró a tres nuevos consejeros para el IFE, en lo que se puede destacar la llegada de Alfredo Figueroa, que fue impulsado por diversas organizaciones sociales. A simple vista se podrá percibir que se trata de cambios positivos, lo cual puede ser cierto. Sin embargo, siguen pendientes cambios de fondo, como las figuras de democracia directa (plebiscito, referéndum, iniciativa popular), que tanta falta hacen; así como la posibilidad de la reelección legislativa y otras muchas reformas, que seguirán a la espera de mejores tiempos. Hoy, sólo pequeños ajustes… Investigador del CIESAS |