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México D.F., a 24 de junio de 2008 | 11:43 PM

Jorge Buendía
La consulta de Marcelo
24 de junio de 2008


El pasado jueves se publicó la convocatoria para la consulta sobre la reforma energética en el DF. Sus limitaciones son evidentes, en especial si se le compara con el plebiscito y el referéndum, figuras también establecidas en la Ley de Participación Ciudadana del DF.

¿Qué se va a preguntar? A diferencia del plebiscito, que se ocupa específicamente de actos o decisiones del jefe de Gobierno, o del referéndum, que se ocupa de leyes, decretos o artículos de una ley, la consulta de Ebrard se centra en “la opinión de la ciudadanía en torno a la llamada reforma energética”.

El planteamiento es tan ambiguo que no sabemos si se preguntará sobre las iniciativas presidenciales (¿cuál de ellas?, ¿qué aspectos?), sobre algunas de las propuestas expuestas en el Senado o sobre alguna idea de López Obrador. Peor aún, el Senado todavía no toma decisión alguna, pero ya se pide que la ciudadanía se pronuncie al respecto. El problema no es el fraseo de las preguntas, sino el contenido de las mismas.

¿De cuál opinión ciudadana estamos hablando? El debate está tan partidizado que la mayoría de los asistentes a la consulta serán simpatizantes del PRD. No hay problema con ello, salvo si se pretende leer en su resultado la expresión de la voluntad popular. Ante tal posibilidad, muchas veces se demanda un umbral mínimo de participación, pero la legislación del DF no lo exige para el caso de la consulta.

El plebiscito, en cambio, debe contar con una participación mínima de 66.7% del padrón para tener efectos vinculatorios. Las autoridades capitalinas esperan con optimismo que en la consulta energética participe alrededor de 20% del padrón. Aun así, este resultado no será representativo de todos los capitalinos.

La consulta es una forma de participación ciudadana, pero dista de ser una expresión de democracia directa. En el mejor de los casos es un pariente lejano y menor del plebiscito y el referéndum. Para legitimar la consulta se le envuelve en ropaje electoral, pero es evidente que el traje le queda grande. Si el propósito fuera realmente conocer la opinión sobre la reforma energética, una encuesta daría mejores resultados a un menor costo.

jblaredo@gmail.com

Analista político

  Acerca del autor

Especialista en comportamiento electoral y opinión pública, temas en los que ha escrito ampliamente.

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Chicago (2000), ha sido investigador de la División de Estudios Políticos del CIDE (1997-2000) y del Departamento de Ciencia Política del ITAM (2002-2005).

En el sector público ha sido funcionario de la Presidencia de la República y de la Secretaría de Gobernación.

Ha impartido cátedra en el CIDE, el ITAM y El Colegio de México. Actualmente es Director de Opinión Pública de Ipsos-Bimsa.

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