Existe un acuerdo sobre la necesidad de conciliar la defensa del ambiente y la producción de riqueza, empezando por los alimentos. Hay que reducir las emisiones de CO2 para frenar el cambio climático y recurrir a todas las fuentes alternativas de energía; todos los progresos tecnológicos que permiten reducir el consumo deberían ser bienvenidos. Por lo mismo hay que buscar la sustitución parcial (tampoco soñemos) de los hidrocarburos por energías nuevas, como el hidrógeno, o no tan nuevas como la nuclear.Pero la energía nuclear, como los OGM en la agricultura, despierta pasiones: chocan convicciones que relevan más de la fe que de la ciencia. Sin embargo, tendremos que debatir porque el desarrollo de dicha energía necesitará una reforma de la Constitución. La energía nuclear civil presenta la triple ventaja de utilizar una suma de energía “concentrada” (como los hidrocarburos), de emitir muy poco gas con efecto invernadero (como ciertas energías renovables) y de emplear una tecnología que puede instalarse a gran escala rápidamente. Sus adversarios dicen que pasar de los hidrocarburos (y del carbón) al uranio es caer de la sartén a la lumbre. Evocan las pesadillas de Hiroshima y Chernobil, lo que vuelve el debate casi imposible. Si debemos salir de la etapa de las energías fósiles (que se vuelven muy caras y amenazan el planeta), si es una prioridad mundial, ¿cómo lograrlo sin la energía nuclear? Al repasar la lista de las energías alternativas vemos que, sin la nuclear, no va a ser fácil. Hace poco nos vendían la idea de los biocombustibles. Ahora la crisis alimentaria siembra dudas sobre su papel en la seguridad energética y ambiental. Bruselas, Washington y Brasilia denuncian una conspiración contra el bioetanol. Sus rivales dicen que es “fruto de las políticas aberrantes del FMI” y varios premios Nobel de Química afirman que los biocombustibles no ahorran emisiones de CO2. Utilizar viento, calor interno de la Tierra, mareas, sol, hidrógeno no permitirá en un plazo razonable sustituir a las energías fósiles. Queda la nuclear y asistimos a decisiones que se suman y aceleran. Italia cerró sus cuatro centrales nucleares tras un referéndum de 1987, después de Chernobil: hoy se apunta a la energía nuclear. En Europa hay 197 centrales (58 en Francia) y 30 reactores en construcción o en proyecto. El Foro Europeo por la Energía Nuclear pidió a la Comisión Europea que declare “como expresión de responsabilidad en la lucha contra el cambio climático un apoyo sin ambigüedades a la energía nuclear para cumplir el objetivo de reducir en 20% las emisiones de gases de efecto invernadero en 2020”. Mohamed el Baradei, director de la AIEA de la ONU, afirma: “Mundialmente la tendencia es más energía nuclear y no menos”. Hace cuatro años el debate nuclear no existía en Chile. Hoy expertos asesoran al gobierno para elaborar un informe que quedará en el escritorio del próximo mandatario. Es un tema de seguridad nacional desde que Argentina dejó de proporcionar a Chile todo el gas necesario. ¿Y nosotros, cuándo enfrentaremos la dura realidad? jean.meyer@cide.edu Profesor investigador del CIDE |