Cuando de un lado se coloca a los defensores del petróleo y del otro a los traidores a la patria, todo está dicho: ellos son los puros, buenos y limpios. Enfrente: entreguistas, saqueadores y mercachifles.De un lado, un líder de quien brota todo lo bueno, fuente de soberanía, escudo de la patria, personificación de la nación, guardián exclusivo y excluyente del petróleo. Del otro: todos los demás. Richard J. Bernstein, filósofo estadounidense, autor de El abuso del mal (Katz Editores, Madrid, 2006), dice que la política degenera por los caudillos y los plebiscitos ciudadanos que “utilizaron la retórica del bien y el mal para ganar el apoyo de sus electores”. Desde esa atalaya religiosa o política, la pregunta que resume la lucha política es simple, dice Bernstein: “¿Estamos o no estamos dispuestos a derrotar a nuestros enemigos? ¿Quién podría estar en contra de luchar contra el mal? Hemos de estar dispuestos a no ser comprendidos”. La simpleza de la pregunta fundamentalista engendra una respuesta de odio y crispación. Ese es el objetivo de la consulta ciudadana perredista (y de la pregunta maniquea de esa consulta: ¿está usted dispuesto a defender nuestro petróleo de los piratas extanjeros?). Busca el jefe del Gobierno capitalino descubrir quiénes están dispuestos a derrotar a sus enemigos. Busca colocar una línea que divida al bien del lado suyo y al mal ajeno. La consulta capitalina no busca encontrar los argumentos ni las posiciones por donde podemos construir juntos la necesaria reforma a Pemex. La consulta ciudadana pretende escarbar hasta encontrar al imperio del mal. Bernstein nos recuerda a Ronald Reagan cuando calificó a la Unión Soviética de imperio del mal, y George W. Bush dibujó un “eje del mal” para pretender justificar su ataque a Irak. Los argumentos de la izquierda perredista son un abuso del bien. Son fundamentos teológicos irrebatibles, por eso no presentan idea, propuesta, ni menos iniciativa propia de reforma a Pemex. Para ellos, todos somos libres de votar y participar en su consulta, con la condición de que tomemos la decisión correcta. Decisión correcta que evidentemente es la que coincida con la suya. Ese es el resorte que mostraron con piel muy sensible los legisladores de oposición frente a la declaración del presidente Calderón, en su gira por España, cuando invitó a debatir las consecuencias concretas de la iniciativa presidencial sobre Pemex. A debatir los detalles concretos, los montos específicos, los datos técnicos. No los dogmas de bien y mal que dicta una izquierda derrumbada. Brincaron los legisladores perredistas como únicos buenos, salvadores y defensores del petróleo. Es normal, está claro, siguen a su sacerdote. Y su sacerdote sólo ve la realidad en blanco y negro. Todavía no alcanza a ver los colores. ¿Pero el PRI? ¿Por qué repara el PRI en el llamado del Presidente de afinar y centrar el debate en los detalles técnicos de Pemex? Hace tiempo el senador Manlio Fabio Beltrones hizo el mismo llamado a debatir los problemas y soluciones de la industria petrolera. “Debate sí, pero técnico y científico”, reclamó Beltrones. (EL UNIVERSAL, 1 abril 2008). Sólo el debate centrado en la técnica y la ciencia acabará con el abuso del dogma maniqueo y hará aprovechar la renta petrolera a favor de los mexicanos. *** El mundo del toro tiene ya un antes y después. Esa frontera histórica se llamará, para siempre, José Tomás. Presidente nacional del PAN |