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    Diferendo monetario
José Luis Calva
12 de junio de 2008

La discrepancia sobre política monetaria entre el Poder Ejecutivo (que sugiere bajar las tasas de interés) y el Banco de México (empeñado en su postura restrictiva) tiene, por su contenido, una enorme relevancia para la economía mexicana. Sin embargo, por la forma en que ha sido acogida por conocidos analistas económicos apegados a la sabiduría convencional que ha regido la política monetaria de México desde tiempo de Carlos Salinas, el diferendo se ha convertido en un espectáculo grotesco.

Se ha dicho que el presidente Calderón, “o sus asesores, simplemente no entienden cómo funciona la política monetaria”; que estamos regresando a la época de Echeverría, cuando la economía se manejaba desde Los Pinos; que sería un error “romper con el axioma económico de emplear una herramienta específica para cada objetivo independiente de la política económica”; que debe respetarse a la autonomía del Banco de México, “gracias a la cual se han tenido avances importantes en materia de abatimiento de la inflación” (El Financiero, 9/VI/08; Excélsior, 10/VI/08; La Jornada, 11/VI/08).

Conviene ir directamente a la sustancia del asunto. El argumento del presidente Calderón a favor de la reducción de las tasas de interés —expresado el 4 de junio en Puebla y más tarde en un evento organizado por la revista The Economist— puede sintetizarse así: si tenemos en México una tasa de inflación casi igual a la de Estados Unidos, pero tenemos tasas de interés más de dos veces superiores a las estadounidenses, esto “saca de competencia a las empresas mexicanas”, no sólo por la carestía del crédito, sino porque el diferencial de tasas de interés ha provocado “una enorme apreciación del peso respecto del dólar” (www.presidencia.gob.mx/prensa).

El Presidente está en lo cierto: la tasa de descuento primaria en EU es de 2.25%, mientras que la tasa de fondeo bancario de nuestro instituto central es de 7.5%. Como resultado, no sólo hay desventaja en tasas de interés, sino también una fuerte apreciación del peso mexicano provocada por la afluencia de capital especulativo extranjero, que viene a aprovechar el diferencial de tasas de interés: la tasa de Cetes a 28 días es de 7.43% mientras que la tasa de bonos del Tesoro estadounidense a 28 días es de 1.21%. Lo peor es que parte de la reserva internacional del Banco de México se deposita en bonos estadounidenses, pagando México el diferencial de tasas (véanse nuestras entregas del 7/XI/07 y 17/IV/08).

Cinco días después de las afirmaciones de Calderón, el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, insistió en que “el Banco de México debe reducir sus tasas de interés”. El punto fundamental, argumentó, es que “el diferencial de tasas de interés con Estados Unidos se ha ampliado mucho” (EL UNIVERSAL 10/VI/08). Y el subsecretario de Egresos de la SHCP, Dionisio Pérez-Jácome, afirmó: “Creo que una disminución de tasas genera una mayor actividad económica en nuestro país y, por lo tanto, un mayor crecimiento” (ídem). Ambos están en lo correcto.

En efecto, la visión según la cual la política monetaria es una herramienta exclusivamente destinada al control de la inflación no es una verdad universal y eterna. Es apenas una visión particular en el pensamiento económico y la política económica práctica. En la zona del TLCAN, por ejemplo, las dos economías de primer mundo cuentan con políticas monetarias destinadas a sostener el crecimiento económico y el empleo, y no sólo la estabilidad de precios.

Cabe recordar, por último, que la discrepancia monetaria entre el Poder Ejecutivo y el Banxico no es novedad. En abril de 2007, Agustín Carstens señaló: “En la Secretaría de Hacienda creemos que el banco (central) se adelantó al tiempo al endurecer su política monetaria” (EL UNIVERSAL, 1/V/07). Y en diciembre de 2007, el presidente Calderón afirmó: “Considero que los sucesos de alza de precios que tuvimos este año fueron cambios en precios reales en todo el mundo”. “¿Qué quiero decir? Para mí (…) no estamos frente a un fenómeno monetario”. “Ojalá esto lo puedan ponderar las autoridades monetarias para no equivocarse en sus decisiones” (El Financiero, 5/XII/07). El presidente Calderón estaba en lo correcto (véanse nuestras entregas del 4/X/07 y 20/III/08).

Para reactivar nuestra economía es necesario poner punto final a la creencia de que la inflación puede contenerse en cualquier circunstancia —incluida la actual elevación de los precios internacionales de las materias primas— mediante restricciones monetarias, realizando en consecuencia un golpe de timón en la política monetaria para incentivar el consumo y la inversión productiva, lo que propiciaría, a la vez, la corrección de la apreciación cambiaria en apoyo a la competitividad de nuestra planta productiva.

Investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM

 
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PERFIL
 
Investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM. Especialista en economía agrícola y desarrollo rural, fue distinguido con el Premio Nacional de Periodismo en 1999, por artículo de fondo publicado en EL UNIVERSAL, donde colabora desde mayo de 1995. Ha impartido numerosos cursos en universidades de México y el extranjero y participado como ponente en más de 200 seminarios y congresos científicos. Entre sus logros se cuentan también el Premio en Investigación Económica "Maestro Jesús Silva Herzog" 1999, el Premio Universidad Nacional 2001 en ese mismo ramo y el Primer Premio Nacional de Periodismo en Análisis Económico 2001, otorgado por el Club de Periodistas de México, A.C.
 
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