Buscar en:
  
   
    Obama, el raro
Mauricio Merino
11 de junio de 2008

El senador Barack Obama ganó ya la batalla por la candidatura del Partido Demócrata a la Presidencia de Estados Unidos. Y lo hizo con la mejor plataforma de despegue para la campaña que sigue, pues su disputa contra Hillary Clinton —la otra precandidata rarísima para las tradiciones políticas de ese país— consiguió más votos y más atención pública que cualquier otra elección primaria que se haya vivido antes. Un negro y una mujer, que tras el desenlace han decidido aliarse para vencer a John McCain, e intentar cambiar la orientación de las políticas públicas en Estados Unidos.

No soy experto en la política interior del vecino y, en general, no me gusta incursionar en temas que desconozco. Pero esta vez pido permiso de hacerlo por tres razones: la primera es que, tras haber leído el libro más reciente del todavía senador Obama (The Audacity of Hope), entendí que la clave de su argumentación está en la doble recuperación del sentido común y del sentido de la política como el espacio donde se construye la seguridad de los ciudadanos. No la militar, sino la cotidiana: la que se desprende de la convivencia con los demás.

El discurso de Obama tiene algo de prédica, pero la fe que propone no está en una religión sino en la capacidad de organización del Estado. Es una fe laica, que está proponiendo cambiar el rumbo y la forma de hacer política en Estados Unidos: una propuesta de renovación del contrato social, que goza de mayor credibilidad al venir de alguien que logró vencer la discriminación a su raza para aspirar al cargo político más importante del mundo.

La segunda razón está, sin embargo, en mi escepticismo por la esperanza que ha despertado esa candidatura entre los mexicanos. Puedo comprender que los estadounidenses vean con simpatía esa oferta de cambio (y sobre todo los más jóvenes y los más educados), tras varios años de guerra, tras el estancamiento económico que está afectando su vida diaria y tras ocho años de discursos machistas. No es casual que el presidente Bush haya conseguido ser el menos querido entre todos los residentes que ha tenido la Casa Blanca (desde que esa variable puede medirse).

Pero una cosa es la política interna de Estados Unidos y otra muy diferente es su efecto en la vida de otros países. Si yo fuera estadounidense, también estaría celebrando la candidatura de Obama, pues su prédica laica obligará a revisar la eficiencia de las políticas sociales de ese país y a corregir el desastre económico que generó Bush. Sin embargo, soy mexicano y me doy cuenta de que ese cambio interno no significará, en automático, una buena noticia para mi país. Eso dependerá de nosotros mismos.

El senador Obama está pensando en la integración social y en el uso eficiente de los recursos para mejorar la distribución del ingreso, pero dentro de Estados Unidos. Su discurso apela con frecuencia a los llamados padres fundadores de aquel país, en parte para recuperar su legado y en parte para criticarlo, por haber tolerado la exclusión racial. Es decir, apela a los principios nacionalistas de Estados Unidos y quiere que valgan para todos sus ciudadanos, sin excepción.

Sin embargo, también observa que la fuerza de su país está amenazada y que su respuesta no puede ceñise al puro predominio militar, ni mucho menos a la transferencia de recursos escasos. Para Obama, las claves del éxito de Estados Unidos están en la fuerza de su sociedad civil, en la generación de conocimiento y en la expansión de la democracia. Uno de los ejes más relevantes de su discurso de oposición a George W. Bush ha estado, precisamente, en el llamado a abandonar la lógica militar expansiva para ganar, en cambio, la hegemonía del conocimiento, de la ideología y de la economía en el mundo.

Si llegara a ser presidente de Estados Unidos, es probable que Obama intentara (en sana lógica con el contenido de su discurso) ofrecer mejores oportunidades de vida a los inmigrantes, siempre que éstos se sumaran a la renovación del pacto social que está proponiendo. Pero por esa misma razón, no cabría esperar un mejor trato para los ilegales ni mejores condiciones en las relaciones con nuestro país. Con Obama, creo yo, será muy clara la diferencia entre ser un ciudadano estadounidense de origen latino, y ser un latino en busca de oportunidades en Estados Unidos.

Los primeros podrán encontrar mejores medios de integración a esa sociedad, pero los segundos toparán con el espíritu nacionalista invocado por quien eventualmente puede llegar a ser el primer presidente de raza negra de Estados Unidos. Y en ese sentido, tampoco es cierto (como ya lo demuestran sus declaraciones en contra de Irán) que Obama renunciaría de plano a todo recurso de fuerza para disuadir a sus enemigos.

Mi tercera razón para incursionar en el tema es, pues, estrictamente doméstica: dudo mucho que Obama sea especialmente generoso con México o que nuestro país le interese de manera especial. No hay nada en sus discursos, en sus libros o en su trayectoria política que genere esperanzas en ese sentido. Le interesan los mexicanos en Estados Unidos, pero no México.

Y no hay en nuestro país, tampoco, ninguna característica singular que permita imaginar en serio una alianza distinta tan pronto como cambie el gobierno de aquel país. Es lamentable, pero México no tiene medios para cambiar esa relación, ni Obama razones para desearlo. El proceso político que está viviendo Estados Unidos es apasionante, pero no es nuestro.

Profesor investigador del CIDE

 
BÚSQUEDA
Autor:  
 

PERFIL
 
Doctor en Ciencia Política por la Universidad Complutense de Madrid. Ex consejero del Instituto Federal Electoral (IFE), se desempeña actualmente como profesor-investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Ha fungido como gerente internacional del Fondo de Cultura Económica (FCE) y como agregado de la Embajada de México en España.
 
Artículos anteriores
 
La mala mezcla 4-junio-2008
 
Modelos políticos 28-mayo-2008
 
El que paga no manda 21-mayo-2008
 
La importancia de saber 14-mayo-2008
 
Jugar con fuego 7-mayo-2008
 
 
- A   A   A +
El UNIVERSAL | Directorio | Contáctanos | Código de Ética | Avisos Legales | Publicidad | Mapa de sitio
© Queda expresamente prohibida la republicación, parcial o total, de todos los contenidos de EL UNIVERSAL