| El enésimo, fallido intento panista de urdir —con inaudita torpeza política, carencia de inventiva jurídica, nulo conocimiento de la historia nacional— la claudicación privatizadora de Pemex (sobre todo en lo concerniente a la tarea de la refinación) podría conducir al país —¡oh paradoja!— hacia donde el gobierno no quiere y el PRI sí: la inaplazable reforma modernizadora y, al mismo tiempo, consolidadora del carácter público, nacionalizado, de la más grande e influyente industria mexicana. Como le acontece desde sus primeros, titubeantes pasos, tan erráticos tiros del gobierno saldrán por la culata de la ingenuidad y de la conmovedora candidez de los operadores políticos y parlamentarios del PAN. El gobierno no mide el momento en que se le agravan los problemas cuando ya abre nuevos frentes de conflictos sin salida. En nada ayuda su equipo al Presidente. En los más de los casos le complica y enreda los ya de suyo endemoniados asuntos: reforma energética, megaconflicto con los mineros, efectos mexicanos en la crisis alimentaria mundial, atroz inseguridad ciudadana... Veamos, a título de ejemplo, las extremas dificultades en la operación y en los intentos, incoherentes y baldíos, derrochados sin ton ni son por los ingenuos impulsores de la privatización de Pemex. Una notoria mayoría de senadores y diputados miembros del PRI, obligados como están a respetar los principios y el programa del partido, han resuelto oponer sus razones jurídicas y económicas, administrativas, técnicas y financieras, al intento panista de entregar a manos extranjeras la renta petrolera de México. Las patrañas, los trucos y las tretas de las iniciativas gubernamentales en materia energética han sido analizadas y denunciadas por sagaces legisladores miembros del PRI. En ejercicio de su estricta responsabilidad de legisladores —y a través de la emisión razonada de sus votos decisivos— conseguirán una reforma destinada a la reconstrucción de la industria petrolera. En ello trabajan desde hace meses asesorados, de forma asidua y consistente, por los más destacados técnicos y científicos, financieros, juristas y geólogos, exploradores y refinadores mexicanos profesionales de todas las ingenierías. Y lo hacen con rigor jurídico y asistencia técnica experimentada y eficacísima. Tan necesaria reforma —imprescindible, diría yo— dejará a salvo, y hasta consolidará, el carácter estatal de la empresa nacionalizada. Ella ostenta hoy su originaria condición legal, muy a pesar de las mal disfrazadas intenciones privatizadoras de los gobiernos del PAN. Y muy a pesar, también, de las arremetidas de quienes soñaron con rendir la plaza del petróleo mexicano y maquinar, de manera paralela, negocios y trinquetes siderales con la entrega a intereses privados foráneos de la propiedad de la nación sobre las riquezas del subsuelo. Las diversas iniciativas relacionadas con la supuesta reforma energética calderoniana se quedarán en el camino al salirles al paso la reforma integral de Pemex concebida por los legisladores federales miembros del PRI. Mediante su trabajo legislativo anularán el empeño del panismo enajenador y votarán, en su momento, un conjunto de nuevas iniciativas y adecuaciones encaminadas a ensamblar una verdadera reforma de nuestro gran organismo público. El empeño de los legisladores del PRI dotará a Pemex de instrumentos imprescindibles capaces de hacer frente a sus antiguos problemas estructurales y a sus nuevos desafíos nacionales e internacionales. Algunos legisladores del PAN deberían leer el Programa de Acción Política de su partido: “La nación debe mantener la propiedad de los hidrocarburos y procurar la conservación de la propiedad de los bienes de las empresas públicas”. Analista político |