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    Propaganda del narco
Editorial EL UNIVERSAL
4 de junio de 2008
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No nos dejemos engañar, ni mucho menos intimidar. Lo que parece escalada de violencia de parte del crimen organizado son sólo tácticas de propaganda para ganar cobijo social y obtener espacios de impunidad manteniendo a raya a las autoridades.

Así lo dijo el secretario de Seguridad Pública federal, Genaro García Luna, en la sexta reunión de secretarios y directores de seguridad pública celebrada ayer en San Luis Potosí.

El secretario habló en teatral coordinación con el procurador general de la República, Eduardo Medina Mora, quien la semana pasada afirmó que “estamos ganando esta guerra, aunque no lo parezca”, como si ambos tuviesen el mismo equipo asesor de expertos en sicología de las masas.

Es hora de revisar si los dos altos funcionarios son los adecuados para conducir esta guerra.

La percepción general es que el crimen, organizado o no, florece en México entre otras cosas por la impunidad comprada a autoridades policiacas, judiciales y políticas, no ganada por tácticas de propaganda.

Lo primero que se ocurre es preguntar ¿por qué, si los zares de la lucha antinarcóticos ya detectaron la estrategia propagandística de los maleantes, no les pagan con la misma moneda y aprehenden a sus capos y protectores, cortan su flujo financiero, detienen el contrabando de armas y se aseguran de que los detenidos sean debidamente juzgados y sentenciados... sólo para utilizar todo ello como propaganda?

Porque resulta que los pandilleros matan en serio a traficantes, deudores, policías, soldados, funcionarios, periodistas e inocentes, hacen trisas la seguridad e incorporan en sus actividades el asalto, el secuestro y la venta de protección contra ellos mismos.

La existencia del crimen organizado no es virtual; es triste, dolorosa y amenaza a largo plazo la estabilidad nacional.

La percepción es que la delincuencia se extiende y fortalece, efectivamente, más allá de lo que quiere verse como propaganda.

Lo evidencia la misma sexta reunión de jefes de seguridad pública, efectuada en un hotel potosino resguardado por policías municipales, estatales y federales, que seguramente no estaban allí para efectos de propaganda oficial, sino que, a la inversa, resultaban la mejor propaganda del poder intimidatorio de los delincuentes.

No debe ser tanta la propaganda de los narcos cuando se prevé que el Ejército mexicano participe por lo menos dos años más en esta sangrienta lucha, que si de algo requiere es franqueza.

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