Buscar en:
  
   
    Alimentos y mentiras
Sara Sefchovich
2 de junio de 2008

En 1996, en una reunión internacional de alto nivel, el secretario de Agricultura de México afirmó que en el país “ya se había terminado el rezago agrario y que el campo producía 97% de los alimentos que se consumían en él”. Dicho esto, Francisco Labastida no sólo relató las maravillas de nuestra producción agrícola, posibles según dijo, gracias a los apoyos que el gobierno les daba a los campesinos, sino que hasta se permitió impartir lecciones a otros países de cómo deberían hacerle para obtener tan buenos resultados.

En el momento de tan festivas declaraciones, según datos oficiales del Consejo Nacional Agropecuario, México importaba más de 30% de sus productos alimenticios, incluidos hasta los básicos de la dieta nacional, como el maíz (45% del total del consumo nacional venía de fuera) y el frijol (70% del total). Además, importábamos trigo, arroz (75% provenía de Estados Unidos) fruta, leche, verduras y carne.

Poco tiempo después, otro secretario del ramo insistió en lo mismo, esta vez para oídos nacionales. En su comparecencia frente a la Cámara de Diputados, Romárico Arroyo afirmó que “el sector rural fortalece nuestra seguridad alimentaria” y que “nuestro país, con su política agropecuaria, se puede hacer cargo de su alimentación”.

En ese momento, según cifras del propio funcionario, la producción de granos había disminuido de manera importante, la de fruta se mantenía igual y la de hortalizas solamente había aumentado 7%. Y según la Confederación Nacional Campesina y la Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos: “La demanda nacional de alimentos fue cubierta en 50% con adquisiciones del exterior” y “casi la mitad de las divisas que entran por la venta de petróleo tienen que salir por la compra de granos básicos, carne y leche”. Agustín Escobar Latapí escribió: “Las importaciones de alimentos han crecido 400% en 20 años y en el año 2000 equivalen a 97% del valor total de las exportaciones de petróleo crudo”.

¿A qué se referían entonces los funcionarios que afirmaban que el país se hacía cargo de su alimentación y que producía casi el total de los alimentos que consumía? ¿No estaban ambos inventando una realidad a la medida de sus deseos y presentándola como si fuera la verdad más verdadera?

Desde principios de los 80, los investigadores David Barkin y Blanca Suárez demostraron que la autosuficiencia alimentaria era un sueño imposible, aun en tiempos con crecimiento de la producción de granos, frutas, legumbres y oleaginosas (como sucedió en los años 60), porque la tendencia no era producir para las necesidades humanas sino para conseguir rentabilidad, y esto no tenía visos de revertirse, dada la forma de funcionar de la economía mexicana y su relación con el capital internacional que “dicta una dinámica que destruye la capacidad social y política para que un país sea autosuficiente”.

Pero por lo visto, los funcionarios no se enteran ni de la realidad ni de las explicaciones de los estudiosos. Cuando el mundo entero vive una crisis alimentaria y aunque México depende en gran medida de las importaciones de granos y otros básicos, los secretarios de Economía y de Agricultura dijeron que a nosotros eso no nos pegaba, que estábamos blindados. Todavía el pasado abril Alberto Cárdenas afirmó: “Tuvimos un excelente año agropecuario, crecimos más que otros sectores de la economía, exportamos lo que nunca, logramos un crecimiento de empleo e inversión, somos uno de los países en el mundo que menor impacto tuvieron a consecuencia de los precios de los alimentos en su canasta básica y en la inflación. El campo va para adelante”.

Pero hoy, apenas un mes después de esas declaraciones triunfalistas, el gobierno ha tenido que reconocer que la situación mundial siempre sí nos está afectando. Y peor, según Sedesol resulta que “la reserva estratégica de maíz alcanza apenas para nueve meses” y el mismo titular de la Sagarpa ha dicho que “por más esfuerzos productivos que se hagan, se importará al menos cinco años más”. ¿Qué hicimos para merecer tanto funcionario mentiroso?

sarasef@prodigy.net.mx

Escritora e investigadora en la UNAM

 
BÚSQUEDA
Autor:  
 

PERFIL
 
Escritora. Investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Su primera novela, Demasiado amor, le valió el Premio Agustín Yáñez en 1990. Fue becaria del INBA/FONAPAS en el área de ensayo durante el periodo de 1980-1981. Es autora también de La señora de los sueños (1993) y La suerte de la consorte (1999). Asimismo, ha escrito ensayos y colaboraciones en revistas.
 
Artículos anteriores
 
Del nacionalismo y su peso 26-mayo-2008
 
Respuesta con datos 19-mayo-2008
 
Ciencia y política 12-mayo-2008
 
¿Qué pasa con la luz? 5-mayo-2008
 
El tiempo: un misterio 28-abril-2008
 
 
- A   A   A +
El UNIVERSAL | Directorio | Contáctanos | Código de Ética | Avisos Legales | Publicidad | Mapa de sitio
© Queda expresamente prohibida la republicación, parcial o total, de todos los contenidos de EL UNIVERSAL