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    Los muertos no tienen derechos…
Jorge Buendía
27 de mayo de 2008

¿Las generaciones pasadas tienen derecho a decidir lo que puede hacer la generación actual? A juzgar por el debate sobre la reforma energética, los mexicanos del siglo XXI estamos destinados a vivir bajo reglas impuestas muchas décadas atrás. Sin embargo, la democracia es el gobierno de los vivos y por lo tanto tenemos derecho a escoger lo que más nos conviene: “Cada generación es independiente de la que le precede, como ésta lo fue de la que le antecedió… los muertos no tienen derechos” (Thomas Jefferson).

El poder de las generaciones pasadas radica en la Constitución. Ahí se establece el marco institucional que rige a generaciones posteriores. Hay consenso en que, salvo derechos individuales como la libertad de expresión o de asociación, no hay temas intocables para la mayoría. ¿Es intocable el artículo 27 de la Constitución? No, muchas veces se ha reformado. Es claro que en el debate actual la defensa de la Constitución es más estrategia política que convicción. Las posturas pro Constitución son en realidad posturas a favor del statu quo posrevolucionario.

La Constitución que nos rige es expresión de una correlación de fuerzas que desapareció hace mucho. El régimen de partido hegemónico ha sido sustituido por la alternancia y por un sistema de partidos fragmentado, donde ninguna fuerza cuenta con apoyo superior a 40% de los votantes. Por ello, después de la caída del PRI, una de las primeras cosas que pidieron el PAN y el PRD fue la elaboración de una nueva Constitución. La ironía es que muchos de quienes hoy se oponen a cualquier cambio al artículo 27 son los mismos que desde hace años claman por un nuevo Congreso Constituyente.

El rechazo de PRI, PRD y PAN a analizar algunas reformas constitucionales daña al Poder Legislativo. Su renuencia a discutir ciertos temas, ya sea reformas al artículo 27 o la reelección de funcionarios, fortalece alternativas que posibiliten tomar las decisiones que el Congreso simplemente ignora. Ese es el atractivo del plebiscito y el referéndum. Recurrir al referéndum es simplemente reconocer que el Poder Legislativo es incapaz de tomar ciertas decisiones y que es preferible la democracia directa a la democracia representativa.

Todos estamos conscientes del peso histórico del tema del petróleo y su asociación con valores como el nacionalismo y la soberanía. Pero nuestros antepasados, por muy inteligentes o visionarios que fueron, simplemente desconocían las características de la industria petrolera en el siglo XXI. Es ridículo que nuestra clase política cite a diestra y siniestra las declaraciones, leyes y reglamentos de la época del entonces presidente Cárdenas. Ni el general Cárdenas está en el poder ni las generaciones pasadas deben gobernarnos.

El reto entonces es conciliar nuestra herencia con las necesidades y demandas del mundo de hoy. La historia es parte integral de nuestro nacionalismo pero tampoco podemos ser rehenes de ella. Si la historia determinara el presente, la Unión Europea no existiría y tampoco tendríamos un TLC con Estados Unidos. Nuestros gobernantes tienen la obligación de privilegiar el presente sobre el pasado, a los vivos sobre los muertos. La soberanía popular está en manos de los mexicanos del siglo XXI y no reside en la generación de 1917 o de 1938. Discutamos lo que nos conviene, sin tabúes, desde reformas al artículo 27, o la reelección de nuestros líderes, hasta una nueva forma de gobierno.

jblaredo@gmail.com

Analista político

 
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