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    ¿Un presidente negro en EU?
Eugenio Anguiano
21 de mayo de 2008

Barack Obama tiene casi asegurada la candidatura por el Partido Demócrata a la presidencia de Estados Unidos, no obstante el empecinamiento de su contrincante, Hillary Clinton, por mantenerse en la pelea. El 3 de junio termina el periodo de asambleas de partido y matemáticamente es casi imposible que la ex primera dama alcance al senador Obama en cuanto a número de delegados y de votos populares ganados en las elecciones primarias.

No obstante, ella se niega a retirarse, lo que impide a los demócratas el llegar unificados a su Convención de agosto en Denver, y estar bien preparados para enfrentar a los republicanos quienes, desde hace tiempo, han prácticamente seleccionado a su candidato: el septuagenario y conservador héroe de la guerra de Vietnam, John McCain.

La señora Clinton no vaciló en aprovechar su triunfo en Virginia Occidental —que hizo escasa mella a los 166 delegados de ventaja de Obama— para inferir que, a la hora de la contienda por la presidencia del país, su competidor tendría pocas probabilidades de neutralizar el voto racial de los trabajadores blancos del país. No es la primera vez que Hillary recurre a tácticas poco limpias para tratar de revertir las preferencias del electorado demócrata y de los electores no afiliados, con poco éxito para su causa pero dañando al partido al que ambos políticos pertenecen.

Pero justo al día siguiente del triunfo pírrico de Hillary Clinton en Virginia Occidental, el ex senador de Carolina del Norte y uno de los aspirantes iniciales a la candidatura demócrata, John Edwards, le dio su apoyo a Obama en un mitin en Grand Rapids, Michigan, poniendo al servicio de él su potencial para atraer votantes blancos de la clase trabajadora en favor de un afroestadounidense de primera generación, cuyos padres se casaron en 1960, cuando el matrimonio de una blanca con un negro era considerado ilegal en poco más de la mitad de los estados de la Unión Americana.

La pregunta crucial que muchos se hacen es si Estados Unidos ha avanzado lo suficiente en las más de cuatro décadas desde la unión matrimonial de un natural de Kenia con una estadounidense, como para aceptar que el hijo de éstos se convierta en el próximo huésped de la Casa Blanca, o si prevalece el sesgo racista. Por cierto, cuando la señora Clinton todavía tenía posibilidades de obtener el gallardete demócrata, muchos se planteaban la interrogante de si la sociedad estadounidense estaría ya madura para una presidenta. Ahora que la victoria intrapartido de Barack Obama —su nombre es ya de por sí atípico en la lista de altos dirigentes de EU— es casi un hecho, las apuestas son en torno a la superación o no de los prejuicios raciales en una nación cada vez más multirracial y multicultural.

Este aspecto del color de la piel es fundamental dada la clara superioridad de Obama sobre los demás aspirantes presidenciales. A pesar de los furiosos ataques de Hillary Clinton a las supuestas debilidades de su competidor, y de los republicanos, el joven senador de Illinois ha mantenido un discurso conciliador favorable a una política bipartidista y a la reinserción de su país en los asuntos internacionales sobre la base de valores que en otros tiempos le dieron prestigio a Estados Unidos.

Por un lado está la fama que Obama ha acumulado con la exitosa venta de sus libros y su capacidad para atraer a la gente joven, y por el otro la vertiginosa caída de George W. Bush y su efecto adverso sobre el Partido Republicano, que en lo que va del año ha perdido tres elecciones legislativas individuales. Lo que no ha impedido al actual presidente lanzar desde Israel un ataque contra quienes prefieren apaciguar a Irán en vez de combatirlo, a quienes compara con las democracias occidentales en su actitud conciliadora inicial frente a los nazis. Seguramente McCain usará argumentos similares contra Obama.

Volviendo a la pregunta del encabezado de este artículo, a un visitante ocasional a la región circundante a Boston, donde hay una gran cantidad de universidades de prestigio, podría parecerle que los estadounidenses han madurado lo suficiente como para votar sin prejuicios raciales, pero Estados Unidos es extenso y el conservadurismo racial es todavía amplio, lo que hace dudar sobre la llegada de un negro a la presidencia del país. A pesar de eso, me atrevo a vaticinar que, de confirmarse en agosto la candidatura demócrata de Obama, sus posibilidades de sacarse la grande serán muy altas.

Profesor investigador de El Colegio de México

 
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PERFIL
 
Estudió Economía en la UNAM y en universidades de Gran Bretaña. Fue embajador de México en América Latina, Europa y Asia donde representó a nuestro país dos veces en China. Ha sido profesor-investigador en la UNAM y otras instituciones de enseñanza superior tanto nacionales como extranjeras; desde julio de 1994 está asociado a El Colegio de México donde actualmente coordina el programa de estudios APEC. El Club de Periodistas de la Ciudad de México le otorgó en 1999 el primer premio de periodismo.
 
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