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    ¿Hay libertad de expresión en Puebla?
Federico Chilián Orduña
16 de mayo de 2008

De acuerdo con lo que señalan los artículos sexto y séptimo de la Constitución General de la República, los ciudadanos mexicanos somos libres para manifestar nuestras ideas, escribir y publicar escritos sobre cualquier materia, sin más límite que el respeto a la vida privada, a la moral y a la paz pública.

En tal sentido, EL UNIVERSAL, El Gran Diario de México, no tendría objeción en insertar el presente artículo en la sección de Opinión si el autor se apega a estos principios; pero ¿qué sucede cuando las opiniones se expresan en publicaciones de provincia, cuya subsistencia en buena medida depende de la publicidad que ordenan los gobiernos municipal, estatal y/o federal? ¿Sigue existiendo la misma amplitud para expresarse y los mismos límites que la ley establece? La respuesta a estas cuestiones, me dijo Lydia Cacho Ribeiro en su última visita a Puebla, “es compleja”. En efecto, es compleja, si hablamos en general y en abstracto, pero no es así si nos referimos a un caso particular y en concreto. Digamos Puebla, en este momento.

Desde el 14 de febrero de 2006 hasta el 29 de noviembre de 2007, el entretenimiento predilecto de los poblanos fue apostar por el sentido que tendría el fallo de la autoridad judicial en el proceso Mario Marín-Lydia Cacho. A dos semanas de conocerse las grabaciones de las pláticas sostenidas entre Kamel Nacif y el gobernador, y otros personajes involucrados, más de 40 mil poblanos marcharon y se manifestaron para exigir la renuncia del gobernador. Posteriormente, el entonces candidato Felipe Calderón ofreció desde el templete a sus simpatizantes pedir juicio político para el inculpado e incluso mostró una tarjeta roja como un símil de lo que como árbitro haría, si el voto mayoritario le resultaba favorable. Finalmente, la SCJN exoneró al llamado góber precioso y el desencanto cayó como chubasco en el ánimo de los ciudadanos.

Durante ese lapso, la inmensa mayoría de los medios informativos locales mantuvo una posición de cautela, “imparciales”, salvo tres: El Heraldo, que llevó un conteo de los “días de impunidad” en primera plana; Cambio, que ha sido severo crítico de la conducta del gobernante, y el modesto Diario Transición, que me honro en dirigir y que de suyo es combativo; los otros, más de 10, no se pronunciaron en ningún sentido.

A los pocos días de conocerse el fallo de la Corte, fue relevado el director del primero de los mencionados, y a los eventos de toma de posesión del nuevo director acudió como invitado de honor el gobernador Marín acompañado del dueño del periódico y de Raúl Salinas de Gortari. El segundo, cuyo propietario es socio del ex alcalde Enrique Doger Guerrero, quien aspira a la candidatura del PRI para suceder a Mario Marín, mantiene su línea crítica sin mayores complicaciones ya que cuenta con importantes recursos, y al Diario Transición que ha sostenido una postura crítica hacia la clase gobernante en general, lo cual se reafirmó durante el periodo en que participé como candidato a la presidencia municipal de la ciudad de Puebla por el Partido Alternativa Socialdemócrata, de septiembre a noviembre del año pasado le suspendieron el pago de la publicidad desde el mes de julio de 2007 hasta la fecha.

He realizado todas las gestiones que marcan los cánones, llamadas telefónicas, oficios al responsable del área de Comunicación Social del gobierno estatal, comunicados a las comisiones de Derechos Humanos, la autónoma y la del Congreso del estado, e incluso realicé un plantón frente a la casa de gobierno durante 44 horas continuas, sin recibir ninguna atención ni respuesta.

En todos los medios en los que he colaborado en esta localidad, incluso los dos mencionados anteriormente, han censurado mi opinión, y no la han publicado, aun cuando ésta siempre se ha apegado a los lineamientos constitucionales arriba señalados; por ello devine convertido en editor de un pequeño diario que, afortunadamente, se vende en los expendios a dos pesos el ejemplar. Con eso y algunos anuncios comerciales, sobrevivimos y ejercemos hasta donde podemos la libertad de expresión, respetando la disidencia de quienes eventualmente nos envían sus opiniones que no necesariamente expresan la postura editorial de esta publicación.

Esperamos contar con la comprensión y apoyo de nuestros lectores, anunciantes y amigos, no sólo para que subsista, sino para que crezca el Diario Transición.

Director del ‘Diario Transición’

 
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Inspiración en el interés público, responsabilidad, búsqueda de la verdad, de permanente justicia y del cumplimiento de los derechos humanos, son los principios que rigen la editorial que día a día publica EL UNIVERSAL en torno a los acontecimientos principales en México y el resto del mundo.
 
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