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    Estado acosado
Manuel Camacho Solís
12 de mayo de 2008

La situación es delicada. El Estado está siendo acosado. Del triunfalismo de Felipe Calderón en su discurso en la Universidad de Harvard, donde buscaba transmitir la imagen de un gobierno con dominio pleno de la situación, en meses se ha pasado a un cuadro distinto: el gobierno tiene abiertos demasiados frentes, sin que aún esté claro bajo qué estrategia y con qué equipo piensa hacerles frente de manera convincente y eficaz.

Hace unos meses Felipe Calderón se había construido una imagen de éxito. De quien había salido a enfrentar al crimen organizado. Se diferenciaba de su antecesor, modificando el estilo descuidado y frívolo. Sabía negociar en el Congreso y era capaz de sacar adelante reformas por años postergadas. Aislaba a la oposición. Reconstruía sus relaciones diplomáticas con América Latina.

Ahora, la percepción está cambiando. Están muriendo policías y militares honestos. Las condiciones sociales están resintiendo los impactos de las alzas significativas en los precios de los alimentos y las primeras disminuciones en los ingresos por remesas. Las empresas empiezan a sentir los efectos de la recesión norteamericana. La iniciativa de reforma petrolera ha vuelto a polarizar al país. No ha habido consistencia en los mensajes hacia la guerrilla. Los cuestionamientos sobre los conflictos de interés del secretario de Gobernación no están resueltos.

Ante este conjunto de hechos, con independencia de las posiciones políticas de cada quien, no se percibe una respuesta que genere tranquilidad y que contribuya a recuperar la confianza. Se necesita otro enfoque.

Si frente a la delincuencia organizada se fortalece la coordinación, se suma en los hechos el apoyo de los tres niveles de gobierno y se dejan de utilizar las imágenes de fuerza con propósitos políticos, habrá mayor aceptación y mejorarán los resultados. Si frente a las alzas de los alimentos, se fortalecen las medidas compensatorias, será menor la intranquilidad. Si en el tema de la guerrilla se define una línea única, consistente, y se respeta a los mediadores, se podrán lograr los pequeños avances hoy posibles. Si en el tema del petróleo no se intenta imponer una decisión previamente tomada y arrasar al adversario, se podrá encontrar una fórmula digna para encauzar la inconformidad y se facilitará tomar decisiones favorables a Pemex.

Lo que es ya evidente es que el cuadro de optimismo desbordado cambió. Es irracional que, por motivos de búsqueda de popularidad, o de votos para 2009, el gobierno continúe actuando como si nada nuevo estuviera ocurriendo. Hoy el Estado está acosado. No es con la fuerza —que siempre será insuficiente— que podrá resolverse la coyuntura. Es con la política: con cambios en su orientación e instrumentación que fortalezcan la coordinación en el conjunto del Estado, disminuyan el nivel de confrontación política con distensión y con respuestas efectivas para atemperar las consecuencias sociales destructivas de los impactos inflacionarios y recesivos.

Decían los clásicos, en particular H. Heller: el Estado es una unidad de acción y decisión. Tenía razón. Ello es aún más cierto en una época turbulenta. Por los riesgos mismos de la situación, está en interés del gobierno cerrar todos los frentes de confrontación no estrictamente necesarios, para concentrarse en lo fundamental. De no ser así, el cuadro seguirá agravándose y cundirá la percepción de desorden e incapacidad. Se protege al Estado cuando se decide bien el rumbo, se suma a sus partes, se reducen las fricciones innecesarias y se opera con efectividad.

Miembro de la Dirección Política del Frente Amplio Progresista

 
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PERFIL
 
Ex diputado federal por el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Fue candidato presidencial en 2000 por el desaparecido Partido del Centro Democrático (fundado por él mismo).

En 1994 fue nombrado comisionado para la Paz y la Reconciliación en Chiapas. Durante el sexenio de Carlos Salinas, fungió como secretario de Relaciones Exteriores de diciembre de 1993 a enero de 1994. Asimismo, se desempeñó como jefe del Departamento del Distrito Federal.

 
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