| ¿Qué está pasando con la luz? ¿Por qué tantos apagones o “colapsos de voltaje” como elegantemente le llaman? ¿ Y por qué tantos conflictos sociales por este motivo? El servicio lo dan dos empresas, ambas del Estado, que atienden diferentes zonas del país aunque en algunas están las dos: la Comisión Federal de Electricidad (a la que anuncian como “de clase mundial”) y la Compañía de Luz y Fuerza del Centro (que según su página “proporciona el servicio público de energía eléctrica en condiciones de cantidad, calidad, oportunidad, precio y atención al público”, la cual estaba desde 1989 en liquidación —¿qué hicieron durante casi 20 años?—, proceso que se detuvo el pasado mes de marzo como parte de los acuerdos para conjurar la huelga de los trabajadores). Y son también dos sindicatos, el SUTERM y el SME, uno parte del Congreso del Trabajo y el otro no, pero ambos corporativos, con lo que eso implica en términos de costos y productividad. Según el gobierno, el problema son las fugas que hacen perder, dice el secretario del Trabajo, hasta 30% de la energía. Según las propias empresas, los problemas principales son dos: uno, que LFC tiene que comprarle la luz a CFE, lo cual le cuesta 90 centavos de cada peso, y otro, los robos: medio país está colgado. Y en efecto, basta ver por ejemplo la calzada México-Tulyehualco para saber que así es, o seguir a una camioneta de la propia empresa para ver que sus trabajadores “instalan” el robo organizado en alguna fábrica, oficina o comercio. Por doquier están los diablitos, las cuchillas, los medidores amañados, las propinas. ¡Y todavía las personas se enojan si les van a cortar el servicio: vimos a las señoras en Iztapalapa atacar a los agentes que fueron a hacerlo y en Chihuahua los productores agrícolas están deteniendo y rapando a los empleados de la CFE! Según el SME, el problema es el poco presupuesto y la falta de inversión, pues la tecnología “ya es totalmente obsoleta”. Néstor de Buen afirma que cada seis años se tendría que invertir todo lo invertido hasta entonces. Según los estudiosos, el problema está en la ineficiencia de las paraestatales, pues utilizan mucho más mano de obra por kilovatio que la que se usa en otros países, están muy endeudadas, dependen de subsidios y usan la mayor parte de su presupuesto para pago de nómina, jubilaciones y pensiones. A eso se agrega la bajísima productividad de los trabajadores. Macario Schettino dice que entre 2000 y 2007 bajó 12%, a pesar de que el personal creció 13% y de que tuvo un incremento presupuestal de 32%. Por lo que se refiere a la única opinión que a nadie le interesa, que es la de los ciudadanos que sí tenemos un contrato y un medidor y pagamos nuestro recibo bimestral puntualmente, el problema es precisa y paradójicamente la legalidad. Porque para nosotros, las dos empresas son muy malas. Sin más un día se oye tronar un transformador o basta un viento o una lluvia y ya estuvo, no hay luz durante horas. La semana pasada en una zona del país que atiende la CFE, la energía se fue durante 31 horas y en la que atiende LFC un millón y medio de usuarios padecieron un larguísimo apagón. Y si se quiere reportar, o está ocupado o no contestan, y si ya se logra uno comunicar, puede echar raíces en lo que se presentan a atender el problema. Pero además, nos cobran lo que les da la gana y ni a quién reclamarle. Si alguien pretende hacerlo, se topará con colas que no avanzan y burócratas groseros que siempre responden que no se puede hacer nada, que la lectura es correcta, que seguramente usted tiene un aparato muy viejo o uno demasiado nuevo o que sus vecinos la están trampeando. Y no se atreva a insistir porque de plano le dirán que “se dé de santos que tiene luz y que si no le gusta vaya preparando su vela”. Estos que así nos tratan son, por cierto, los mismos que le piden a la sociedad su apoyo porque dicen, tanto los apagones como las quejas por el mal servicio son cuentos sin base en la realidad, que se dejan correr para justificar el deseo oculto de la privatización, palabra que hoy se usa para espantar. sarasef@prodigy.net.mx Escritora e investigadora en la UNAM |