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    Gobernar la incertidumbre
Juan Francisco Escobedo
3 de mayo de 2008

Las instituciones y las personas tienden a huir de la incertidumbre. El sentido de una vida o de una institución está poblado de significados, de información, de conflictos, de intercambios incesantes y de proyectos de futuro.

Cuando con el discurrir del tiempo se pierde perspectiva, falta claridad y lucidez para actualizar la comprensión sobre el ser y el estar en el mundo y se reacciona, antes que impulsar proyectos de futuro, es entonces cuando se hace evidente que se requiere un sacudimiento mayor para trascender el pantano, que engulle lo mismo a las personas que a las instituciones. Es el caso de las viejas formas del régimen político mexicano.

Lo nuevo se sigue analizando con viejos enfoques. Las consecuencias saltan a la vista. Las instituciones y quienes las representan, así como quienes constituyen las diversas vertientes de la oposición, no se atreven a aceptarse como adversarios, porque se siguen alimentando de la maniquea visión que les asigna roles de enemigos.

Deberíamos saber desde las agudas observaciones de Carl Schmitt, que los enemigos tienden a excluirse, a liquidarse sin tregua. En cambio los adversarios coexisten con sus diferencias, porque saben y aceptan que quienes hoy ejercen el poder mañana podrían volver a ser oposición y viceversa.

Las guerras tienen como protagonistas centrales a enemigos que de entrada se asumen como irreconciliables. En cambio, las disputas políticas en un régimen democrático son protagonizadas por adversarios electorales.

No atribuyamos significados exagerados a lo que ocurre en el país. No estamos frente a un escenario de guerra civil, como algunos analistas han caracterizado el momentum en el que nos encontramos. Asistimos a un proceso complejo en el que se combina el ensayo y el error, y donde los protagonistas de la escena pública intentan comprender lo que pasa y lo que les pasa.

Observamos la confrontación de dos estrategias. De un lado, se advierte el despliegue del gobierno y en especial de las formas que emplea el Presidente de la República para ejercer el gobierno, conducir el país y forjar un liderazgo político. De otra parte, se despliegan dos vertientes. Por un lado, la estrategia de la oposición no sistémica que encabeza AMLO y, por otra parte, la estrategia de oposición que encabeza el PRI.

Ejercicio de gobierno frente a movilización social y política es el dilema más visible. En este juego, la persistencia de la percepción de que hay polarización y confrontación virulenta siempre dará mayores fichas a los opositores. Frente a este panorama maniqueo, se impone la necesidad de propiciar un nuevo enfoque para entender las circunstancias del país.

En primer lugar, hay que insistir en el enfoque de que vivimos en una democracia plural, donde las mayorías de hoy pueden convertirse en minorías el día de mañana. En este marco, ninguna fuerza política partidista puede por sí sola conformar una mayoría parlamentaria. Nadie puede en solitario cambiar la legalidad vigente y no hay forma de regresar al esquema hegemónico del pasado.

En segundo lugar, es preciso superar el temor, ya que el temor obnubila la perspectiva, tiende a la simplificación e incuba el desdén hacia los adversarios. No es ocioso recuperar para estos tiempos de incertidumbre la recomendación de Cicerón a los gobernantes de Roma: ante la duda, la prudencia.

Para gobernar la incertidumbre es preciso imbuirse de una perspectiva de Estado. Hay que mirar más allá de la próxima elección para darle sentido de estadista al discurso, a las decisiones, a las acciones. Hay que dejar correr la imaginación y la generosidad.

Para trascender la coyuntura hay que desplegar proyectos portadores de futuro, domeñar el temor y reformular la agenda con visión de largo alcance. Hace más de un año que ocurrieron las elecciones. El país exige altura de miras. De otra forma la incertidumbre seguirá enseñoreándose sobre nuestras cabezas. Recordemos con Octavio Paz que: “Abusar del color negro es arriesgarse a la ceguera”.

Doctor en Ciencia Política y Sociología

 
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PERFIL
 
Presidente de la Fundación Información y Democracia A.C. Doctor en Ciencia Política y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Por otro lado, es coordinador de la Maestría en Comunicación y profesor-investigador de la Universidad Iberoamericana. Ha publicado libros e impartido cursos, conferencias y varias asignaturas en diversas universidades de México y el extranjero. Recientemente obtuvo el primer lugar en el Concurso Nacional de Tesis Doctorales convocado por la H. Cámara de Diputados.
 
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