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    Parálisis en el Capitolio
Jorge Montaño
2 de mayo de 2008

Parálisis en el Capitolio

Washington DC.— En años de elección presidencial, el ritmo legislativo estadounidense desciende cadenciosamente y con más velocidad cuando existe la expectativa de cambio de partido en la Casa Blanca. Lo que se vive actualmente difícilmente tiene precedente.

En pocos meses se ha violentado la lógica política del país. El candidato republicano defiende abiertamente la guerra en Irak y pertenece al partido del presidente Bush, que tiene los niveles históricos más bajos de aceptación. La inocultable recesión, el inevitable desplome del dólar, el incremento de costos de insumos para alimentos deberían ser factores que alcancen a dañar las expectativas de McCain, quien paradójicamente sigue subiendo en las encuestas.

Para sorpresa de observadores neutrales, los finalistas en las primarias demócratas son quienes generaban dudas mayores en el electorado por género y raza. Es evidente que a pesar de los llamados a los candidatos para que negocien una solución, la contienda se dirimirá en la convención en Denver, lo cual representa costos políticos inéditos que ponen en serios riesgos sus posibilidades de ganar. Al igual que en 1968 se darán divisiones y una confrontación sangrienta entre facciones relevantes del partido. Obama y Clinton han polarizado opiniones de miembros y simpatizantes, actuando además como estímulo para la compactación republicana con vistas a la elección de noviembre.

La tercera profecía incumplida es el cambio inevitable en la Casa Blanca. Al inicio de 2008, se aseguraba que el repudio contra Bush era de tal magnitud, que se podía pronosticar un tsunami demócrata que consolidaría márgenes cómodos de ventaja en ambas cámaras y una presidencia comprometida con la plataforma social contrastante con ocho años de desaciertos que acabaron con la bonanza de la población en la era clintoniana. Esa fue la razón por la cual Hillary enmendó el error de Gore, que no aprovechó esa pujanza, tratando de aminorar los escándalos que no preocupaban mayormente a nadie. Sin embargo, la presencia del ex presidente en la campaña de su esposa dejó de ser un activo y hoy es un lastre para una candidata con negativos acumulados en décadas, merced a su personalidad polémica.

Por añadidura, la gasolina rebasó en estos días los cuatro dólares por galón, obligando a una sociedad motorizada a buscar paliativos ignominiosos, ya que rompen con los principios sagrados de autonomía e individualidad. Los remates de casas generados por los créditos hipotecarios irresponsables están dejando sin hogar y empleo a millones de ingenuos.

Así, dos sectores claves como la industria automotriz y el sector de la construcción se estancaron súbitamente. En las cámaras emergen claramente los efectos de la incertidumbre que debe resolverse en las urnas. La mayoría demócrata busca temas intrascendentes como el debate y voto en la Casa de Representantes declarando el mes de la sandía.

Otra táctica socorrida es detener las discusiones mediante procedimientos dilatorios que eviten decisiones que puedan favorecer a Bush y eventualmente a McCain. La atención está concentrada en fórmulas que posterguen votos de fondo, como fue la decisión demócrata de archivar el tratado de libre comercio con Colombia, para mostrar congruencia con el discurso proteccionista y ridiculizar los argumentos políticos de la Casa Blanca.

El clima prevaleciente es peligroso en tanto el único argumento válido es cómo ganar las elecciones. Hasta hoy, el discurso de McCain es vacío e insulso, como es la retórica de Obama y Hillary ofensiva y desgastante. Preocupa que los ataques al libre comercio se pretendan convertir en acuerdos paralelos o las demandas neoconservadoras sobre migración favorezcan decisiones lesivas para México. En igual forma, la discusión de los gastos de guerra, que incluyen los recursos para la Iniciativa Mérida, también están sumidos en el debate electoral. El gobierno mexicano y su embajada están haciendo lo que es factible hacer en un ambiente enrarecido por razones que nos rebasan.

El mensaje debe ser claro. Si no se asignan los montos ofrecidos o a éstos se les añaden candados con dedicatoria, es mejor que pospongan el debate hasta que se enfríen los ánimos. De otra manera, se tendrá que agradecer el esfuerzo y no recibir lo que al margen de los recursos eran elementos esenciales: la confianza en la lucha contra el crimen organizado y el compromiso compartido.

montesco98@yahoo.com

Analista político

 
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PERFIL
 
Internacionalista, diplomático de carrera, consultor y profesor del ITAM.

Ex embajador de México en Naciones Unidas y ante el gobierno de Estados Unidos. Presidente del Consejo Editorial de Foreign Affairs en Español.

 
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