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    ‘Nemo auditur’
Fernando Serrano Migallón
1 de mayo de 2008

Los romanos, con el genio práctico que hizo de ellos un Estado fuerte en épocas tempranas de la civilización, acuñaron los más importantes principios que, todavía hoy, dan vida a nuestro sistema jurídico.

Uno de esos principios se enunciaba de una manera fácil: Nemo auditur turpitudinem allegans, “no debe ser escuchado el que alega su propia torpeza”; es decir, no es admisible argumentar las propias deficiencias y actos contrarios a la ley y a las rectas prácticas para justificarse u obtener ventajas; en otras palabras, ya cientos de años antes de Cristo los romanos habían proscrito el cinismo como causa argumentantiva. Hoy, más de 2 mil años después, parece que esta regla básica se ha olvidado.

Todos tenemos derecho a hacernos una imagen histórica de nuestro país, defender nuestra idea del pasado y obrar en consecuencia; la Constitución garantiza la libertad de cultos y creencias y todos estamos de acuerdo en que la práctica religiosa es un derecho fundamental que no puede ser violentado; sin embargo, en un Estado laico, el poder público no tiene creencias religiosas ni puede fomentar culto alguno; menos aún emplear dinero del erario público para fomentar una religión o favorecer a un grupo religioso.

Hacerlo redunda en violación de las sanas prácticas democráticas y es una ofensa para quienes han decidido optar por otra religión o por ninguna.

Cuando el gobernador de Jalisco se atreve a declarar públicamente que ha empleado el dinero recaudado entre los ciudadanos para construir el Santuario de los Mártires Cristeros, es tiempo de volver a los fundamentos de nuestra concepción política y revisar si estamos cumpliendo con las normas básicas que dan identidad a nuestra vida pública.

Peor aún, argumentar que, en efecto, se ha tomado ese dinero por convicción propia no es razón suficiente; escudarse en que en otros tiempos así se hizo y entonces no sucedió nada es enviar un mensaje irresponsable a la sociedad, indicándoles a los ciudadanos que pueden actuar en contravención de la ley siempre que tengan la conciencia tranquila.

En un estado de derecho, las convicciones personales, los intereses propios y los deseos de cada uno tienen un límite: el cumplimiento de las normas jurídicas obligatorias; argumentar en contrario es caer en el cinismo; el caso es grave no sólo por cuanto implica el desprecio del derecho, sino porque reaviva una discusión que hace tiempo debimos haber superado y, sin embargo, ante estos hechos omitir esta discusión es volver a dar carta abierta al cinismo como razón y al poder por sí mismo como mecanismo político.

fernando.serrano@cide.edu

Profesor de la UNAM, Colmex y CIDE

 
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PERFIL
 
Cursó las carreras de Derecho y Economía en la Universidad Nacional Autónoma de México. Obtuvo el Certificado de Estudios Superiores en el Instituto Internacional de Administración Pública de París, Francia, y el de la Academia de Derecho Internacional de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, Países Bajos. Doctor en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México.

Profesor por oposición en la materia de Ciencia Política y profesor titular de Derecho Constitucional en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México. Es Profesor en las licenciaturas de Administración Pública y Relaciones Internacionales de El Colegio de México e Investigador Nacional por el Sistema Nacional de Investigadores. Autor de, entre otros: La vida Constitucional de México, La Ley y su proceso, El Particular frente a la Administración, Desarrollo Electoral Mexicano, Nueva Ley Federal del Derecho de Autor, El Grito de Independencia, Isidro Fabela y la Diplomacia Mexicana, La Propiedad Industrial en México, Toma de Posesión: El Rito del Poder y El Asilo Político en México.

Abogado general de la Universidad Nacional Autónoma de México del 1o. de abril de 1993 al 27 de junio de 1995 y del 19 de enero al 20 de marzo de 2000; actualmente es director de la Facultad de Derecho y es miembro de la Junta de Gobierno de El Colegio de México, consejero del Consejo Directivo del Centro de Investigación y Docencia Económica, consejero titular del Consejo Consultivo de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y académico de número de las Academias Mexicanas de la Lengua y de Jurisprudencia y Legislación.

Ha recibido la Orden Nacional del Mérito de Francia; la Encomienda de la Orden de Isabel la Católica de España y es Doctor Honoris Causa por la Universidad Paulo Freire de Nicaragua.

 
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