| A regañadientes, se ha abierto un espacio para el debate. Ya se sabe de todas sus limitaciones y riesgos, pero por qué no pensar en que ésta sea una oportunidad para recomponer la política y evitar cuatro años más de parálisis. ¿Es imposible tener un debate donde, en beneficio de las partes, se construya un ambiente de respeto? Donde más que porristas, tuviéramos ciudadanos atentos. Donde más que gritos, dominaran los argumentos. Donde se diera a la palabra su significado para que, el gobierno, argumentara sin engaños a favor de la apertura al capital externo, y la oposición expusiera sus razones para diferir y presentara sus propias ideas. ¿Es imposible que los medios cumplan con su papel informativo? Que el gobierno utilice la fuerza de su voz para convencer, pero no recurra a la fuerza de la propaganda pagada. Que los medios otorguen un espacio y trato equivalentes a quienes debaten. Que ellos mismos abran algunos foros y organicen uno o dos debates, para que la población se interese, se informe y pueda sacar sus propias conclusiones. ¿Es imposible aprovechar el momento para reducir las cargas de odio y para reconocer la pluralidad? ¿Es imposible aprovechar este momento para que Felipe Calderón tenga la oportunidad de recomponer su gabinete? ¿No se abre una oportunidad para que el PRD cierre su desgarrador capítulo electoral con una doble negociación: interna y con la sociedad, para, en el FAP, representar la oferta electoral de cambio en las próximas elecciones? ¿Es imposible que el PRI respete los puntos de vista de sus disidentes y, en vez de celebrar acuerdos en la oscuridad con el PAN, tenga su propio debate interno? ¿Es imposible aprovechar el momento para tomarle la palabra a las organizaciones armadas a favor de la mediación, para buscar una tregua y poner un freno a la práctica de criminalizar la lucha social? ¿Es imposible que, de llegar el debate sobre la constitucionalidad a la Corte, sus ministros aprovechen el tema del petróleo para recuperar su prestigio después del caso de Lydia Cacho? ¿Es imposible que Felipe Calderón termine de aceptar que sólo tiene el respaldo de una tercera parte del país, que no tiene la fuerza para sacar una reforma energética que sea cuestionada en su constitucionalidad y que, después de esta experiencia, concluya que el país es más gobernable con un juego de tres que con la exclusión de la izquierda? ¿Es imposible que, una vez que se asegure la constitucionalidad, el dominio sobre el petróleo y la mayor transparencia en el manejo de Pemex, AMLO apoye una reforma para hacer frente a los graves problemas del sector? ¿Es imposible que, al final del debate, en vez de regresar al choque irreducible, se abran espacios para dirimir democráticamente las diferencias y aumente la capacidad para reconocer cuáles son los verdaderos consensos y las tendencias de la opinión pública? ¿Es imposible que el resultado final pudiera ser una reforma para fortalecer a Pemex con mejor gestión, acuerdos de productividad con el sindicato, transparencia, mejor integración de la cadena productiva, nuevos recursos y determinación para fortalecer la investigación y las tareas sustantivas? Que los empresarios sepan con claridad dónde sí, y dónde no, pueden participar. Hoy nadie está en condiciones de arrojar la primera piedra. Sí de decidirse a favor de la política. Quisiera soñar que es posible romper con la intolerancia y las acusaciones de golpismo, para ratificar el compromiso de todos con la democracia y la solución pacífica de nuestras diferencias. Miembro de la Dirección Política del Frente Amplio Progresista |