Buscar en:
  
   
    El tiempo: un misterio
Sara Sefchovich
28 de abril de 2008

¿Por qué de repente el tema del tiempo está tan presente en el discurso público? ¿Qué es lo que hay atrás?

México es un país en el que los del poder tienen la costumbre de hacer con el tiempo lo que les venga en gana: apurarlo o detenerlo. Y por eso hasta existen los conceptos de “madruguete” y “tortuguismo”.

Por ejemplo, los legisladores se ponen a debatir si el secuestro merece 60 años de cárcel o 65 y medio (terminaron por ponerlo en 50) y que si la violación 10 ó 20 (terminaron por ponerla en 17) y que si son o no acumulables las sentencias (a un secuestrador le impusieron ¡203 años de prisión!) pero dejan pasar el tiempo sin elaborar una ley sobre las apuestas y juegos de azar y entonces estos negocios florecen en la clandestinidad. O dedican años a discutir la reforma del Estado pero de repente en apenas 16 días, pasan 14 enmiendas.

Ese doble modelo ha existido siempre. El más famoso caso es cuando Carlos Salinas decidió que debíamos firmar un tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá fast track, sin importar lo que eso significó para dañar a la pequeña y mediana industria nacional que de la noche a la mañana quedó desprotegida. En cambio, cuando habían transcurrido cuatro años del gobierno foxista y se le preguntó al secretario de Hacienda qué pensaba hacer con el contrabando de mercancías que ingresaban a nuestro país, la respuesta fue: “La dependencia ya prepara propuestas de reformas para cerrar esta llave”.

El tiempo es pues, algo que se maneja a conveniencia. El gobierno de la capital tiene tanta prisa que levanta todas las calles al mismo tiempo pero en cambio el secretario de Agricultura dice que lo que necesita para que las cosas funcionen en el campo es “discutir horas y horas para aclarar los puntos y salir adelante”. Los encargados de documentar el enriquecimiento de los hijos de Marta Sahagún siguen “integrando el expediente” pero a los narcos que pide Estados Unidos o al argentino que engañó con el Renave rápidamente se los entregan a otros países. Hacienda no da un minuto de plazo para pagar los impuestos, pero qué tal se toma años para hacer las devoluciones cuando así corresponde. ¿Cuántas vueltas hay que dar en las ventanillas públicas para resolver algún asunto, cobrar un cheque, recibir un permiso? Pero qué rápido entraron en huelga por tres largas semanas los trabajadores del estado en Michoacán. El presidente Fox quería que las cosas fueran “hoy, hoy, hoy” pero el presidente Calderón, cuando habían transcurrido 17 meses de su gobierno, apenas dio con lo que quería hacer: “A partir de ahora queremos hacer de la política social el centro de la tarea de mi gobierno”, anunció.

Así las cosas. Por eso intriga lo que está sucediendo en relación a la reforma energética: la conversión del tiempo que debe durar el debate en el centro de la cuestión. Algo que es un asunto puramente de forma, se ha convertido en el fundamental.

¿Por qué el Frente Amplio Progresista quiere a fuerza que sean cuatro meses? ¿Y por qué a Manlio Fabio Beltrones le parece “inadmisible” que sean más de 50 días? ¿Y Francisco Labastida considera que ambas propuestas llevan prisa? ¿Y por qué a algunos intelectuales que se han expresado sobre el asunto les parece que es fundamental dejarle a la discusión “el tiempo justo” —que no definen cuál es—?

Hay quien ha intentado dar respuesta a esto. El presidente del PAN opina que el PRD quiere tiempo para poder organizar el sabotaje de la reforma energética mientras que los del FAP dicen que quieren evitar que se la pase sin más. Otros han dicho que López Obrador quiere estar más tiempo en la calle y en los medios para mostrar su poder no sólo a la Presidencia sino dentro de su propio partido, dividido en las corrientes parlamentaria y de movilizaciones. Unos más dicen que lo que quieren es impedir el informe del 1 de septiembre y otros que tiene que ver con la elección de candidatos para la siguiente Legislatura.

Lo único que queda claro es que ya no se trata de un asunto de forma sino que ha pasado a ser de fondo, y político.

sarasef@prodigy.net.mx

Escritora e investigadora en la UNAM

 
BÚSQUEDA
Autor:  
 

PERFIL
 
Escritora. Investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Su primera novela, Demasiado amor, le valió el Premio Agustín Yáñez en 1990. Fue becaria del INBA/FONAPAS en el área de ensayo durante el periodo de 1980-1981. Es autora también de La señora de los sueños (1993) y La suerte de la consorte (1999). Asimismo, ha escrito ensayos y colaboraciones en revistas.
 
Artículos anteriores
 
Mis derechos 21-abril-2008
 
Apoyar a Tíbet 14-abril-2008
 
¿El modelo brasileño? 7-abril-2008
 
¿Cuál es la solución? 31-marzo-2008
 
‘Fast track’ 24-marzo-2008
 
 
- A   A   A +
El UNIVERSAL | Directorio | Contáctanos | Código de Ética | Avisos Legales | Publicidad | Mapa de sitio
© Queda expresamente prohibida la republicación, parcial o total, de todos los contenidos de EL UNIVERSAL