| Fuera del gobierno federal, las expectativas halagüeñas sobre la actividad productiva en México son cada vez más raras. De acuerdo con la Encuesta sobre Expectativa Industrial al Primer Trimestre de 2008, dada a conocer la semana pasada por la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación, 48.3% de sus agremiados estima que la situación de la industria es peor que el año pasado y sólo 17.4% espera una mejoría; apenas 20.6% confía en tener ventas crecientes; y sólo 17.6% espera que este año “será bueno” en materia de empleo. En la más abarcadora Encuesta Mensual de Opinión Empresarial, publicada por el INEGI en abril de 2008, sus tres indicadores compuestos presentan tendencias marcadamente decrecientes. El Indicador Agregado de Tendencia —diseñado para captar el probable comportamiento agregado de la actividad manufacturera— se situó en 51.2 puntos en marzo de este año, 0.5 puntos abajo del mes previo y 4.4 puntos abajo de su nivel de marzo de 2007, cuando alcanzó 55.6 puntos. De manera específica, sus principales componentes resultaron también negativos: el indicador de volumen físico de la producción se ubicó en 52 puntos, 7.4 puntos abajo de marzo de 2007; el indicador de demanda nacional de los productos de la empresa se mantuvo en 51.7 puntos en febrero y marzo de 2008, 9.9 puntos abajo de marzo de 2007; y el indicador de volumen físico de exportaciones disminuyó 0.7 puntos respecto al mes previo y 5.3 puntos respecto a marzo de 2007. El segundo índice compuesto, denominado Indicador de Pedidos Manufactureros, se ubicó en 50.5 puntos en marzo de 2008, 0.3% abajo de febrero y 4.1 puntos inferior a marzo de 2007, con la par-ticularidad de que su componente de volumen esperado de pedidos se redujo 0.7 puntos respecto al mes previo y 8.8 puntos respecto a marzo de 2007. Correlativamente, el Indicador de Confianza del Productor se situó en 49.4 puntos en marzo de 2008, 1.5 menos que en febrero y 4.8 puntos abajo de marzo de 2007, con la particularidad de que la percepción empresarial sobre si “el momento actual es adecuado para invertir” se ubicó en 32.4 puntos, 4.1 puntos menos que en febrero y 9.3 puntos abajo de marzo de 2007. Las expectativas decrecientes reflejan la desaceleración que comienza a sentirse con fuerza en la industria manufacturera. De acuerdo con las cifras desestacionalizadas del INEGI —que hacen comparables los sucesivos periodos (meses o trimestres) y, en consecuencia, permiten el análisis de tendencia en el margen—, el índice de la producción manufacturera alcanzó 154.4 puntos en agosto de 2007, ubicándose desde entonces abajo de ese nivel, con 153.7 en enero de 2008 y 152.4 en febrero; y las exportaciones manufactureras, después de alcanzar los 19 mil 286.8 millones de dólares (mdd) en septiembre de 2007, se redujeron durante los cinco meses subsecuentes, ascendiendo a 19 mil 084.5 mdd en febrero. Frente a estas expectativas e indicadores reales decrecientes, resulta muy preocupante la pasividad de nuestras autoridades monetarias y hacendarias. Desde marzo pasado, la Confederación de Cámaras Industriales, por ejemplo, cuestionó la ausencia de acciones emergentes de carácter contracíclico, proponiendo, entre otras medidas: “la rápida ejecución de la inversión pública aprobada por el Congreso para este año”; y “relajar la política monetaria a partir del descenso ordenado y gradual de la tasa de interés”. “Si el vecino del norte aplica abiertamente una estrategia anticíclica —remarcó la Concamin—, en México también es posible y deseable aplicar políticas que estimulen la actividad económica” (véase Concamin, Pulso Industrial, marzo de 2008). No obstante, las autoridades macroeconómicas de México continúan en la pasividad, con la creencia de que la economía nacional “está blindada” contra una grave desaceleración. Por eso, mientras los vecinos del norte se han lanzado sin titubeos a la utilización de políticas macroeconómicas (monetaria y fiscal) expansivas o contracíclicas, las autoridades macroeconómicas de México se mantienen indiferentes al ciclo económico y sólo atentas al cumplimiento de sus caprichosas metas de inflación y de balance fiscal, aun a costa del paupérrimo crecimiento del producto nacional y del empleo. Investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM |