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    Si Marx viviera...
Ricardo Pascoe Pierce
23 de abril de 2008

El corazón del pensamiento de Carlos Marx está en su convicción de que el capitalismo tenía que desarrollarse a plenitud para luego superarse y dar pie al socialismo. Ahora que hemos vivido la aparición, desarrollo y muerte del socialismo, una nueva pregunta aparece: ¿por qué fracasó el socialismo, si era una “inevitabilidad histórica”? Teóricos y escritores como Perry Anderson, Hardt y Negri o Giovanni Arrighi buscan responder sin renunciar al socialismo. Comparten un punto de partida: el fracaso del socialismo, especialmente el leninista-soviético. Algunos son optimistas, otros pesimistas en sus conclusiones. En sus análisis comparten una idea común, útil para encontrar el sinsentido del debate sobre el petróleo en México.

El capitalismo, como economía y civilización debe desarrollarse a plenitud pues, si no, será imposible crear una sociedad posterior a plenitud —de ahí el fracaso del socialismo en nuestros tiempos—. Y eso no justifica que las cosas queden como están. Más bien, plantea que a la historia no se le puede catalizar con voluntad política, obviando los factores materiales que deben acontecer. Estamos condenados a vivirla y no a reinventarla para satisfacción de nuestras propias y egoístas razones e intereses.

Concluyen los teóricos que el capitalismo no se había desarrollado a plenitud, y ese hecho incubó una sociedad atrasada, inculta, propensa a los dirigentes autocráticos y sin convicciones democráticas verdaderas. El imperialismo no era su “fase superior” (entiéndase última), aunque podría considerarse otra fase más de su largo caminar. Capitalismo es desarrollo económico, pero también es una sociedad civilizada. Por ello Engels aplaudió la toma de Algeria por los franceses (lo denominó “imperialismo progresivo”) contra los beduinos, y Marx sugirió que México haría bien dejándose anexar a EU para asegurar su desarrollo, ante lo “progresivo” del coloniaje inglés contra lo retrógrado del español. El sentido de sus comentarios, indudablemente polémicos, era que lo importante era el desarrollo pleno del capitalismo, a fin de lograr su madurez y, finalmente, su superación.

México tiene que eficientar su economía para desarrollar a plenitud su potencialidad económica y social. ¿Es ese un discurso de derecha? Creo que no, a pesar de las aparentes alineaciones “ideológicas” actuales. Se piensa que mantener la industria petrolera cerrada a la inversión privada es de izquierdas y abrirla es de derechas. No importa, en este momento, si las intenciones políticas son verdaderas o no. Lo que interesa es el fundamento del pensamiento.

No abrir la empresa y mantenerla dentro del control del Estado limita su ámbito de acción, productivamente hablando. Abrirla a la inversión privada, con consecuencias obvias para inversionistas y utilidades, implica expandir la producción y productividad. Tan saben esto los socialistas cubanos, ahora tan interesados en estimular su economía, que recurren a la inversión privada internacional en petróleo, electricidad, turismo, telecomunicaciones y, más recientemente, en la agricultura. Resulta que una economía que no se abre a la dinámica económica mundial se retrasa en su desarrollo, mientras que las economías que se abren a la globalización, definiendo sus economías de escala y ventajas comparativas, despegan y se desarrollan. Y es el pleno desarrollo del capitalismo, con sus nuevas clases sociales mundiales, integradas por jóvenes y mujeres, emigrantes y trabajadores asentados, de todas las razas y religiones, lo que, según Marx, llevará “inevitablemente” a la dictadura del proletariado. No es retrasando el desarrollo del capitalismo, sino empujándolo hacia delante.

Es por ello que Marx, si viviera, no sólo vería en la propuesta gubernamental sobre la reforma a Pemex y la industria petrolera algo necesario y progresivo, sino que calificaría a la postura del PRD como reaccionaria, incluso porque carece de una propuesta concreta. Probablemente consideraría la propuesta oficial como timorata e inacabada, un mal representante del capital y sus necesidades para desarrollarse. Pensaría al PRD como representativo de las fuerzas retrógradas y nacionalistas que quieren mantener a los trabajadores en la incultura, sumisión e ignorancia, sin evolución hacia una civilización creyente en la independencia y la democracia. Porque, para Marx, a mayor grado de desarrollo del capitalismo, se da un mayor grado de cultura y conciencia que tendrían los trabajadores para ser actores conscientes de su futuro.

Si Marx viviera, estaría de acuerdo con la reforma energética que integre la industria a la economía global sin cortapisas. ¡Ah, qué ironía!

ricardopascoe@hotmail.com

Analista político

 
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PERFIL
 
Miembro fundador del PRD y, durante mucho tiempo, uno de los hombres más cercanos a Cuauhtémoc Cárdenas: colaboró en la campaña presidencial de 1994, como coordinador de Relaciones Internacionales, y en la local de 1997, cuando el ex gobernador de Michoacán compitió por la Jefatura de Gobierno del DF. Además, fue miembro del CEN perredista de 1989 a 1999 en las administraciones de Porfirio Muñoz Ledo y Andrés Manuel López Obrador. Fue delegado en Benito Juárez durante el periodo de Rosario Robles y, en diciembre del 2000, a pocos días de que Vicente Fox asumió el poder, fue nombrado embajador de México en Cuba. Al dejar su cargo, contendió por el partido México Posible para la jefatura delegacional en Benito Juárez.
 
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