| Con ánimo de dominar la irritación e impotencia generada por los penosos acontecimientos ocurridos en el Congreso mexicano, hicimos un esfuerzo colectivo para encontrar precedentes internacionales, incluyendo experiencias en los organismos multilaterales que permitieran concebir expectativas de que algo puede mejorar. El ejercicio resultó estéril, ya que no se encontraron acciones vandálicas como las que hemos presenciado y menos atropellos a la actividad legislativa, excepto las que realizan quienes utilizan la fuerza de las armas para acabar con el orden constitucional. La pesquisa fue productiva en tanto permitió reunir evidencias de lo que se considera en el exterior actos contrarios a las prácticas parlamentarias, las cuales palidecen frente a lo ocurrido en México. La riqueza de nuestra transición, profundizada con el triunfo panista en el 2000, apuntaba precisamente al surgimiento de un Legislativo capaz de actuar en pie de igualdad con el Ejecutivo y eventualmente con el Judicial, dando espacio a un auténtico juego de pesos y contrapesos. Con retraso centenario, parecía que finalmente arribaríamos a buen puerto. Las constantes fallas que ocurrieron en las dos legislaturas del foxismo se atribuyeron al proceso inevitable de aprendizaje, en el que jugaban un papel esencial las fuerzas que por décadas estuvieron sometidas a un control total. El libre albedrío de la nueva situación política generó actitudes infantiles, explicables en una atmósfera de libertades sin límites, misma que contradecía la cerrazón histórica. Las prácticas asiáticas de convertir los recintos legislativos en escenarios de pugilismo o lucha libre, el tortuguismo paralizador del filibusterismo estadounidense, los arreglos extraparlamentarios europeos para propiciar caídas de gobierno o votos de no confianza y aun los bloqueos legislativos de los parlamentarios comunistas opuestos al desarrollo en India comparten la fuerza de la razón expresada en el debate y la negociación. Las prácticas procesales para interrumpir la discusión y aun la estridencia que puede motivar la suspensión de una sesión son fórmulas que también en los foros multilaterales son aceptadas como parte del proceso de decisión. Recientemente, los medios internacionales han recogido el deterioro nacional, que incluye la ruptura del orden social que provoca el fortalecimiento del crimen organizado y “la toma de las tribunas del Congreso para boicotear el debate parlamentario sobre una adelgazada reforma energética”. Lo de menos es el grosor del tema a discusión; lo alarmante es que se impida físicamente el debate, utilizando como argumento los peores vicios del autoritarismo que se creía superado. En esta modalidad, todo debe responder a la decisión de quienes han decidido asumirse unilateralmente como guardianes de los valores nacionales, sin importar que 82% de la población rechace sus acciones protectoras. La transición mexicana es la única que parece ser fatalmente involutiva. Las imposiciones del pasado regresan en diversas formas, mientras los avances se aíslan en el tiempo. Las experiencias dentro y fuera de la región no presentan las fallas estructurales que afloran cotidianamente en la escena nacional. Las debilidades y fortalezas de la iniciativa enviada por el Ejecutivo no parecen ser el centro de una discusión marcada por los dogmas. El tema energético es tan controvertido mundialmente como para ser abordado desde el ángulo de la pasión y las descalificaciones. Los legos se han encargado de opacar la voz de los expertos. Aun los escritores y poetas han tenido prioridad para emitir sus juicios por delante de los técnicos más calificados. Reflexión final. La advertencia del Departamento de Estado a sus connacionales sobre los riesgos de seguridad que existen en México no es un asunto menor. El impacto real puede ser muy negativo para los flujos de viajeros, en tanto éstos escuchan las alertas de sus autoridades. La reacción soberbia de señalar que venga quien quiera no coincide con el interés de millones de mexicanos que viven de la prestación de servicios turísticos y que no son parte de los grandes consorcios. Es irónico que mientras en Acapulco se congregan los mayoristas del turismo mundial, las imágenes de Los Zetas convocando públicamente a miembros de las Fuerzas Armadas y el espectáculo del Congreso como rehén de una mal entendida democracia se conviertan en los mensajes estelares, lo cual no merece México. montesco98@yahoo.com Analista político |