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    Agflación
Enrique del Val Blanco
17 de abril de 2008

Como sucede frecuente-mente, a los economistas de habla inglesa les gusta inventar palabras y al final la Real Academia de la Lengua Española las adopta. Por eso el término agflation, que podría traducirse como agflación, seguramente estará aceptado en algunos años. El significado es muy simple: es la conjunción de las palabras “agricultura” e “inflación”, que es precisamente lo que está ocurriendo hoy con los incrementos de precios.

Como en los mejores tiempos de la demagogia política mexicana, la semana pasada en Washington se presentó el presidente del Banco Mundial, señor Robert B. Zoellick, en rueda de prensa, con una bolsa de dos kilos de arroz en una mano y un pan en la otra, para argumentar la difícil situación económica manifiesta con la reducción del crecimiento y la creciente inflación en todo el mundo, producto de las alzas indiscriminadas de los precios de los alimentos. También el director-gerente del Fondo Monetario Internacional, el señor Dominique Strauss-Kahn, que acaba de tomar posesión, indicó que se perderían los avances logrados durante los últimos siete años en el combate a la pobreza. Así de sencillo.

Es decir, los sacrosantos organismos internacionales están con los focos ya no amarillos, sino rojos por lo que está ocurriendo en materia de precios, y no es para menos. En términos generales, de diciembre de 2006 a febrero pasado el incremento promedio de precios de los alimentos mundialmente ha sido de 48%, con lo cual entre otras cosas cambia drásticamente la distribución del gasto familiar. Pero hay algunos productos cuyo aumento de precio ha sido espectacular. Es el caso del arroz, que en lo que va de año ha subido 75%, y el del trigo, que también en un año se ha elevado 120%, lo que está provocando verdaderas crisis sociales en varios países, como es hoy Haití. Pero también Paquistán, Egipto, Argentina.

Según el Banco Mundial, el precio de los alimentos seguirá siendo alto cuando menos hasta 2015, por lo que recomendó a los países tomar las medidas pertinentes. Y es lo que están haciendo varios.

El único problema es que esa “pertinencia” lo único que está generando es nuevamente mayores incrementos de precios. Un ejemplo concreto es el arroz, alimento básico para más de 3 mil millones de personas en el mundo. Su precio ha crecido en los primeros tres meses del año 42%, la mayor alza en cerca de 15 años. Vietnam, que es el segundo productor a nivel mundial, ha decidido reducir sus exportaciones en casi 25%; China e India, productores y consumidores a la vez, también están siguiendo esta política, que no es otra cosa que un control de precios disfrazado.

Todo lo anterior sólo provocará que el precio continúe subiendo en el mundo, y su venta y acaparamiento sea pasto de especuladores. Tan es así que en Filipinas han decidido decretar cadena perpetua para quienes acaparen este producto.

Esta nueva crisis está confirmando la pésima distribución del ingreso en el mundo. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura ha manifestado que los países pobres pagarán 56% más por la importación de cereales, lo que significará que las familias deberán destinar entre 60% y 80% de sus ingresos a la comida. Mientras, en los países desarrollados llegará cuando mucho a 20%. Esta es una de las verdaderas tragedias que ocurren en nuestro mundo globalizado, donde supuestamente a todos nos iría mejor.

Por supuesto, en nuestro país las cosas no son tan graves como en África o Haití, pero si siguen creyendo que nada pasará, están arriesgando mucho. En primer lugar tenemos el ridículo incremento al salario mínimo impuesto por el gobierno a los trabajadores, que significó dos pesos más al día en comparación con el del año pasado. En segundo, ya aparece en los medios que los industriales esperan que la tortilla aumente en julio hasta 10.50 pesos por kilo, en lugar del promedio de nueve pesos actuales. El gobierno ha mencionado la cifra de 50 centavos más por kilo. Si sólo tomáramos el incremento a la tortilla mencionado por el gobierno quedaría aniquilado el incremento salarial de dos pesos. A este aumento hay que agregarle el resto de productos y servicios, como el transporte: el Metrobús subió un peso recientemente, con lo que se llevó 50% del incremento al salario mínimo.

Con datos del Banco de México podemos asegurar que ya desde el año pasado la canasta básica ha sufrido un fuerte incremento, pero en estos meses se está agudizando.

Todavía es tiempo para que el gobierno tome en serio las alzas de precios y vaya previendo las medidas pertinentes. Como hemos visto en otros países, la chispa puede prenderse y una vez encendida será muy difícil apagarla, sobre todo porque estamos hablando de los alimentos y, en un país con la mitad de la población en pobreza, no será fácil seguir cargándoles la mano con los aumentos de precios que el gobierno, los industriales y los comerciantes creen que ni se notan.

El vaso se está llenando. Hay que tener mucho cuidado y, sobre todo, pensar en utilizar todos los instrumentos con que cuenta el Estado, incluyendo por supuesto el control de precios —instrumento maligno para los actuales funcionarios— o, si no les gusta éste, están los incrementos salariales de emergencia a los trabajadores, para que puedan cuando menos seguir comprando los mismos alimentos sin merma en su ingreso, no vaya a ser que la agflación los agarre y los hunda más en la pobreza.

Analista político y economista

 
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PERFIL
 
Analista político y economista.

Coordinador de Planeación de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde también fue secretario general y contralor general.

En el ámbito público, fue subsecretario de la Contraloría y subsecretario de Desarrollo Social.

 
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