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    Ciudad agrícola de Delicias
Jesús González Schmal
5 de abril de 2008

Setenta y cinco años en la vida de un ser humano es un tiempo alto pero muy común. En la vida de una ciudad es apenas un lapso breve en el que, de modesto asentamiento, empieza a ser poblado, y más tarde, después de décadas y en ocasiones centurias, alcanza la condición de ciudad propiamente dicha. La ciudad agrícola de Delicias en Chihuahua, como fue bautizada, desde su origen observa un desarrollo distinto. En tan sólo tres cuartos de siglo ha llegado a ser, de un campamento de colonos mayoritariamente procedentes de la Laguna en el estado de Coahuila (que fueron estimulados en los inicios de los 30 por el gobierno federal para llegar a abrir tierras al cultivo), la tercera ciudad en importancia económica en el estado de Chihuahua.

El prodigioso crecimiento de Delicias no tiene parangón con otros casos en la República. La entonces política revolucionaria del país hacía que los gobiernos federales planearan el crecimiento horizontal más amplio a fin de lograr no sólo el incremento de la producción agropecuaria, vital para mantener la independencia y la soberanía de la nación, sino también para conseguir un desarrollo regional equilibrado y dotar de oportunidades de trabajo justamente remunerado y socialmente útil a las nuevas generaciones.

De otros municipios de Chihuahua, Coahuila, Zacatecas, Nuevo León, llegaron esos pioneros impetuosos a jugársela contra el semidesierto de entonces, con grandes superficies de terreno ocioso. Su apoyo fue un gobierno responsable que, a través de la Comisión Nacional de Irrigación, no sólo creaba la infraestructura hidráulica (grandes presas como La Boquilla y Las Vírgenes), sino que generaba la iniciativa comunitaria para afrontar los retos por sí solos, con el impulso inicial para conseguir resultados de la dimensión de lo que hoy es Delicias en tan corto plazo.

Con vocación probada de agricultores no sólo por conocimientos adquiridos y experiencias heredadas, sino con el tesón y la enjundia propias de su compromiso en la creación de un proyecto de centro de producción y de convivencia urbana, los fundadores de Delicias dan cuenta a sus sucesores de la capacidad de los mexicanos para emprender y consumar retos frente a todas las adversidades.

Nadie desconoce que Delicias surge de la creación del Distrito de Riego 05 con pequeños agricultores que logran con creatividad y trabajo los más altos niveles de productividad en los cultivos de la vid y el algodón, con sus grandes plantas despepitadoras. Ello detonó el nacimiento de lo que hoy es no sólo una de las más importantes cuencas lecheras del país, sino uno de los también más importantes centros industriales del ramo mueblero con una gran cantidad de fábricas medianas y pequeñas, que producen para el mercado nacional y de exportación.

Para llegar a lo que es hoy Delicias no siempre estuvo el camino pavimentado. Las épocas largas de sequías y la sustitución del algodón por fibras sintéticas en décadas no muy lejanas fueron golpes que parecían mortales a una economía naciente. Su transformación y adecuación a las condiciones limitadas que se tenían fue obra de ese espíritu laborioso que cambió al forraje para la ganadería y la industria lechera, a la fruticultura en la más amplia producción de nuez, así como el complemento y equilibrio con la industria mueblera siempre en expansión. Hoy, al igual que todo México, sufre las incertidumbres en el futuro próximo, pero se afronta con la capacidad y esfuerzo de los delicienses para salir avante al largo plazo.

La espléndida ceremonia inicial de lo que será la semana conmemorativa de la fundación de la ciudad tuvo verificativo el pasado 3 de abril, fecha en la que hace tres cuartos de siglo el ingeniero Carlos Blake, con un grupo de ingenieros y topógrafos, empezó a trazar lo que sería esta ciudad modelo donde, por primera vez, se rompía con la tradición de una sola plaza central sede de los poderes civiles y religiosos, y de manzanas cuadradas, por calles radiales a partir de un mercado central y un reloj simbólico con todas las horas del mundo.

De esta experiencia nos queda a los mexicanos la lección de que en los estados del norte, donde inició la Revolución, calaron más los postulados de este movimiento que obliga a los gobiernos democráticos a trabajar al lado del pueblo para alcanzar lo que está a la mano de todos, el progreso y la convivencia en el mejor nivel humano posible. La Revolución tiene todavía mucho que enseñarnos. Estos “vencedores del desierto” son muestra de ello.

Profesor en la Facultad de Derecho de la UNAM

 
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PERFIL
 
Abogado y analista político. Fue diputado federal por el partido Convergencia. Asimismo, se ha desempeñado como diputado federal en la LI Legislatura por el estado de Coahuila y fungió como coordinador del grupo parlamentario del Partido Acción Nacional (PAN) en la LIII Legislatura, participando en las Comisiones de Gobernación y Puntos Constitucionales, Justicia y Relaciones Exteriores.
 
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